Reseña: Beck – Morning Phase

Es más sinfónico que acústico, por eso es que siempre el oyente permanece a la expectativa con cada canción que pasa.

A Beck nada le puede salir mal. Es la encarnación del indie en una sola persona, como un Bowie del alternativo. Es del tipo de artistas que sintetiza una gama de estilos y géneros en su propuesta, la cual se va revalorizando con cada pichón que decide revisar que hubo con el aparte de “Loser”. Es un vocalista versátil, un compositor bastante peculiar, y le queda tan bien ser bailarín como cantautor. Puede estar rodeado de teclados, de una banda de rock, de una sinfónica o puede estar el solo, igual es capaz de cautivar a su publico a punta de versatilidad, frikismo y pasión.
Por eso no debería sorprender que el norteamericano tenga por momentos esa tendencia de llevarle la contraria a todo el mundo, porque ahora cuando electrónica y psicodelia dominan el panorama, el simplemente decide despojarse de la linea que llevaba en The Information o Modern Guilt para arrojarse sin miedo, sin demasiadas mascaras hacia su verdadero yo: el del niño anti folk que escribía que ver MTV le hacia tener ganas de fumar crack. Por supuesto, Beck ya no es tan joven como para salir en sus canciones con cosas de ese tipo. Pero esa rebeldía y desdén hacia lo establecido todavía le permite tomar decisiones así.
Sin embargo, hay varios detalles que hacen particularmente interesante el regreso del angelino a los lanzamientos regulares (valga aclarar que en los últimos años ha venido lanzando sencillos independientes). Por un lado, Morning Phase es un trabajo que llega paralelo a un disco que en palabras de Beck es “mas convencional” y pensado como el sucesor de Modern Guilt en toda la regla. Por el otro lado, el mismo músico le dijo a la Rolling Stone que no consideraba este acústico como “relevante” en su trayectoria. En parte, supongo que influyen los 4 años que tomó su elaboración.
Pero desafortunadamente para Beck, todo parece indicar que Morning Phase tendrá para los medios, la critica y sus seguidores una trascendencia mucho mayor de la que él quisiera pensar. ¿Por qué? En las siguientes lineas lo descubrirán.
Un breve instrumental con violines titulado “Cycle” abre paso a “Morning”, donde una guitarra relajante y el lado más melódico de Hansen mandan la parada, con algunas cuerdas subiendo la intensidad en el coro. Destacable la letra, que resulta bastante soñadora, aun para Beck. En “Heart Is A Drum” con puros punteos y arpegios en la acústica, encontramos un tema menos elaborado, con algún rescate de Roy Orbison en el estilo. Los arreglos de piano le dan un toque conmovedor.
“Say Goodbye” nos transporta al Oeste con esos acordes desafiantes. Parece hablar de una ruptura y de seguir adelante a pesar de la adversidad. Nada mal para alguien que ventilaba sus frustraciones en Sea Change, ¿no?


“Blue Moon” como sencillo, tiene algo de parentesco en la percusión con los temas de Fun o los últimos Vampire Weekend en la voz. Para ser justos, siempre será atractiva una canción con un titulo como ese. Simplemente te hace pensar en el delta blues que tanto inspira a Beck, o en Elvis. Aparece “Unforgiven”. Piano con efecto y mucha épica de por medio. Los violines adquieren más protagonismo. Es como ver a Hansen aplicando las enseñanzas que le dejó el anti folk (distorsiones vocales y cosas por el estilo) a producciones más ambiciosas.
Con “Wave” no me cabe ninguna duda: es el momento más sublime de Morning Phase. Perfectamente orquestada y oscilando entre la épica de la victoria y esos ambientes desolados de El Pianista o los documentales de Kusturica. No usa voz de tenor o soprano, pero se impone a ese ambiente tan sinfónico con una voz que parece ser un violín más. 
Con “Don’t Let It Go” volvemos al modo acústico, emparentado con el country. No destaca particularmente, incluso hasta podría decir que es relleno. Aunque si se le mira detenidamente, se puede encontrar cierto parentesco con “Ramona”, el tema que aportó para la banda sonora de Scott Pilgrim Vs The World. Se recupera rápidamente con “Blackbird Chain”, un folk más animado y seguro de si mismo, donde vemos el lado más sesentero de Beck. Si se le mira desde la producción, se puede percibir algo de psicodelia en ese folk, si bien la letra no da mucho para eso. Me atrevería a decir que pinta mas para ser un término medio entre los Beatles de Rubber Soul y los de Revolver.
Otro instrumental fabuloso titulado “Phase” abre paso a “Turn Away”. Al igual que con “Cycle” y “Morning”, la transición es tremenda, pero ya no vemos un Beck tan melódico en esta ocasión. Ahora lo encontramos más atrevido en la guitarra, con más seguridad, y cada vez más asentado como letrista. La misma apela un poco a la nostalgia, pero a esas alturas, es obvio que se siente en su salsa.
“Country Down” cruza lo mejor de “Cycle” y “Blackbird Chain”, con el sonido envolvente de la primera y el tono más animado de la segunda. La armónica sencillamente la pone a un nivel superior de las demás canciones. “Waking Light” es el final. Una balada al mejor estilo de Burt Bucharach o el primer Elton John que ya se lanzo como el segundo sencillo. Donde el disco hubiese seguido solo este camino, seria inapelable el titulo de disco del año.
Con Morning Phase, Beck simple y llanamente regresa a los tiempos de Sea Change (el hecho de incluir a muchos de los músicos que participaron en ese disco hace que cobre mas sentido el asunto). Lo hace de tal forma que el flujo del disco es una prioridad mayor que la de armar hits, a pesar de que algunas de las canciones tienen esa vocación. Es mas sinfónico que acústico, por eso es que siempre el oyente permanece a la expectativa con cada canción que pasa. 
Puede que todavía extrañemos al freak que nos sorprendió con discos como Golden Feelings o temas como “Loser”. Pero alguien que ha demostrado como el que la versatilidad y el salir constantemente de la “zona de confort” hablan mejor de un genio que de aquel que se concentra en mantener un sonido, puede permitirse momentos tan magníficos como los que se dan en cada una de los trece temas de Morning Phase. Y lo que es mejor: se puede dar el lujo de subestimar su propio trabajo con
el fin de armar uno todavía mejor. A eso se le llama “creerse el cuento”. A eso se le llama rock and roll.
La recomendada es “Wave”. Es una demostración de qué puede hacer una persona cuando se le da permiso de hacerlo: magia pura.
Aquí va “Waking Light”.

Calificación: 4.5/5
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