Estereo Picnic 2014, la historia. Parte I: Deseos

Nos llevaron por un sueño de perversión, cadenas, y maldad condensadas en cuero.

El día empezó como todos: me levante tarde, sin desayunar, corriendo para arañarle segundos a los 15 minutos que me toma usualmente llegar de mi casa al Portal, Transmilenio con la tensión a flor de piel (y hasta con desmayado), corriendo para cerrar una entrevista que necesitaba en el programa institucional de la emisora, y nuevamente corriendo para hacer una vuelta urgente en el Centro. Y la razón de correr tanto era simple: era la primera vez que sentía tanta ansiedad por los tres días de locura que empezaban.

Cuesta creerlo, pero realmente nunca estuve ansioso o realmente emocionado mientras los días pasaban y se acercaba el momento de ver varios de los artistas mas importantes de ayer, hoy y mañana. Pero ese jueves si estaba nervioso, y mucho mas al ver como las nubes se iban acumulando mas y mas en el cielo para dar síntomas de que, de nuevo, la lluvia me acompañaría en una tarde-noche legendaria. El agua fue aliada cuando vi a New Order y The Cure el año pasado, así que mejor presagio no podría haber.
Llegué a la 222 con Autopista Norte a eso de la una y media de la tarde. Todavía no abrían las puertas y ya se sentían los primeros síntomas de descontento. En vez de quejarme por pendejadas, decidí hacer algo mas útil para la crónica: analizar el publico del día.
Uno sabe que el fenómeno hipster es inevitable y que se quiera o no, se va a estar rodeado de esas personas. Pero una cosa es eso, y otra muy diferente estar rodeado de tanto posser. Yo que no me considero violento (ni mucho menos tan de vanguardia como los que hacían la fila) parecía en ese momento el único capaz de armar pogo con NIN. La fila era un asunto de farándula y de escuchar cosas en la linea de los que compraron su entrada para ese día con la tarjeta de crédito de los papás. Tomando en cuenta que sudé cada centavo para comprar el combo de Creyente y que solo tenia en mi mente sudar hasta empapar mi camiseta y quedarme sin garganta con cada canción que pasara; solo me pude sentir orgulloso de mi persona. Después de todo, el escenario estaba dado para estorbar a todo el mundo con mi presencia y lo que es mas: por mi propio esfuerzo. No creo haber sido el único en tener esa sensación.
Finalmente se abrieron las puertas a eso de las cuatro de la tarde. Hay que destacar que la nueva dinámica para la fila estuvo mejor que la del año pasado, especialmente por ser creyente. Y aun siendo larga la fila de los que compraron al precio regular, pude notar que avanzaba igualmente rápido. Luego de las requisas del caso, ingrese finalmente al lugar. Como el primer artista arrancaba a eso de las cuatro, di un paseo por los stands. Siempre me parecieron buenos, pero debo decir que esta vez se superaron a si mismos. Había mas cosas que el año pasado, al extremo que Play Station puso su stand en asociación con La X que transmitía desde ahí, lugar que se lleno casi de inmediato. Lo de borrar las plazoletas de comidas y reemplazarlas con carpas propias era justo y necesario, ademas que permitía apreciar mucho mas la gran cantidad de ofertas gastronómicas que en algunos casos, no estaban tan caras como esperaba.

Luego de aprovisionarme para el resto del día con un crepe, dirigí mis pasos al Escenario Caracol, donde Árbol de Ojos dio el pistoletazo de salida al evento. Tomando en cuenta las expectativas que me despertaron al hacer de teloneros de Los Bunkers el año pasado, las confirmaron bastante bien. No tuvieron que romperse tanto las pelotas para hacernos mover a los que estábamos allí, como si fue el caso de Diamante Eléctrico el año pasado.
Al mismo tiempo que pasaba eso, sentí que me llamaban. Era un tipo un poco mas bajo que yo, con barba abundante y muy parecido al vocalista de Foals. Me extendió un CD con señas para que lo recibiera.
– ¿Cuanto? – pregunté –
– Es gratis.
– ¿Regalado?
– Si.
Levante mi pulgar en señal de agradecimiento. Aun tengo pendiente escucharlo, pero fue interesante ese gesto. Me acordé en ese momento que una vez leyendo acerca de Arctic Monkeys, decían que ellos en sus inicios regalaban sus discos en vez de venderlos y eso pudo contribuir a su popularidad inicial. No se si el personaje o la banda tomaran en cuenta ese hecho, pero no deja de ser algo curioso. Y mas curioso que se lo dio, justamente, a un pendejo con una pagina de música. Ya veremos que pasa.

El disco en cuestión.
Portugal. The Man fue la siguiente banda para ver en el Escenario Caracol, a las seis de la tarde. A pesar del error de logística que puso en pantallas el nombre de Capital Cities en vez del de la banda en cuestión, confirmaron mi teoría: mas de uno va a tener que reformular acerca de las bandas que escucha luego de verlos, porque realmente es un sonido aplastante, acogedor y que atrae fácilmente al publico. Aunque John Gourley se mostró mas bien tímido en lo de hablar con el publico, el bajista Zachary Carothers asumió la labor sin inconvenientes. No tocaron “Holly Roller (Hallelujah)” ni “Sleep Forever” (que si tocaron el dia anterior en la fiesta de apertura del festival en Armando Records) que eran las que mas quería escuchar, pero con “Atomic Man” fue mas que suficiente para hacerme saltar.

El fail en cuestión.
Hubo dos episodios que hicieron todavía mejor su primera presentación en Colombia: una mujer con aspecto de hippie que les tomaba fotos, salió con una niña de unos seis o siete años en sus hombros, paseando por el escenario como si nada. Y no lo hizo una, sino dos veces. La niña incluso le dio la mano a Zachary en la segunda salida mientras estaban tocando “The Sun” o “Evil Friends”, no recuerdo bien.
El segundo momento fue en el final. Mientras hacían su típico cierre con “Another Brick In The Wall” de Pink Floyd cruzada con una repetición de “Purple Yellow Red and Blue”, llamaron a un chico para que hiciera un solo de trompeta, animando un ambiente que no podía estar mas potente. Hubo consenso absoluto en que fue el héroe de la noche. Ojala y no sea la ultima presentación que den en nuestro país. Los que no los conocían seguramente van a hacer algunos cambios en la lista de canciones de su reproductor para abrirle paso a “Hip Hop Kids” o “Modern Jesus”.

Acto seguido, abandoné el Escenario Caracol para dirigirme al principal: el Escenario Tigo Music, donde Julian Casablancas estaba por empezar. Con la lluvia cayendo despiadada y cruel, la unica expectativa que tenia era que por alguno de esos milagros de Navidad (en abril), tocara “Instant Crush”. Realmente no se me pasaba por la cabeza escuchar algo de The Strokes.

Tomada por Adrian Prada.
Ya en el escenario, hizo lo que todos esperábamos: solo una canción de The Strokes (“Take It Or Leave It”), nada de meterse con “Instant Crush”, y el resto fue hacer fondo musical a la vida social de todos, a quienes realmente no nos importaba mucho el esfuerzo del neoyorkino como solista. Los combos hablaban entre si, y solo había real interacción cuando hacia pausas para hablar, o por supuesto, cuando interpretó “Take It Or Leave It”. Después de todo, solo era un termómetro para medir un publico potencial para The Strokes. No se necesita ser genio para saberlo. Y si, creo que Colombia pasó la prueba. Tarde o temprano los veremos.

El problema fue que el publico (justificado por la impaciencia) comenzó a pedir “Reptilia”. Parece que Julian se molestó, y lanzo el gorro que llevaba puesto al publico. Cayó justo en un combo que estaba al lado mio… para darnos cuenta que era solo un pedazo de papel mache endurecido. Dejamos iniciado a Julian con su show, y el nos dejaba iniciados con los premios de groupie.

Pero realmente no me movía mucho ver a Julian Casablancas. Es decir, uno sabe que no es cualquier tipo, que es uno de los mejores vocalistas de su generación y todo eso, pero la razón por la que realmente me cambiaba de escenario y sacrificaba dejar de ver a Dorian y a Capital Cities, era por Babasonicos.

Avanzando algunas filas que iban dejando vacías por no perderse a Capital Cities, coincidí para el show de los argentinos con un grupo de tipos que estaban en cualquier estado, menos en sus cinco sentidos. Por fortuna parecían manejarse lo suficiente para no fastidiar demasiado, y le dieron ambiente a la presentación de Babasonicos por donde yo estaba. 
Presentación a la altura de lo que se esperaba. O tal vez no tanto, porque estuvieron mas guitarreros de lo que pueden aparentar en sus discos, arrancando con “El Baile De Odin”, pasando por tremendas versiones de “Irresponsables” (que no se esperaba que la fueran a tocar), “Los Calientes”, “Y Qué”, “La Lanza”, “Desfachatados” (la única pre-Jessico que tocaron) y “Putita”. Sin mencionar el cierre con “Carismático” y “Yegua”, enlazadas cual suite de Abbey Road.

Destacable, como siempre, la presencia escénica de Adrian Dargelos. Esa noche se convirtió en un androgino que se entregaba a fondo a un publico que si bien no estaba exclusivamente hecho para el, supo ser atractivo para este sin caer en copias o formulas. Solo siendo él mismo. El resto de la banda con Mariano Roger en cabeza, sonaba con un acople demoledor por donde se quiera ver. Sin duda me queda una imagen refrescante de su paso por Estéreo Picnic, y que bueno seria si se atreven a venir mas seguido. Y que bueno seria que tocaran “Sátiro” o, en general, mas canciones de su periodo pre-Jessico.

Al concluir Babasonicos, se venia lo bueno. El primero de varios momentos que se pueden decir, hicieron clic en mi cabeza para titular de una forma determinada las tres entregas que conforman esta crónica personal del Estereo Picnic. El ambiente que imponían los tipos de al lado iba pasando de corear “Algunas noches, soy fácil, wooooohhhh wooohhhh marcando limites” casi en burla, a desafiar a los posibles “blandos” que pudiesen estar esperando la presentación de Mr Self Destruct, Trent Reznor. La conversación (pasada de alucinógenos, por supuesto) iba por este tono:
– Las niñitas que no vayan a saltar con Nine Inch Nails se pueden ir a comer mierda – decía el que parecía el líder -.
– Que coma mierda el culo, dijo La Vendedora de Rosas. – decía uno mas callado -.
– Viejo, esta muy pasado marica. ¿No se supone que usted me iba a cuidar? – dijo el que parecía el líder -.
– ¡No jodas! Cállese y hágame uno (refiriéndose al porro).
– ¡Que va! Estoy muy llevado para hacerme uno.
– ¡Entonces no joda! 
A eso le siguió una discusión cada vez mas incoherente alrededor de quien les hacia el porro, seguida de algún desafío a Reznor para que se bajara a pelear. Finalmente a las diez de la noche se apagaron las luces del Escenario Tigo Music, mientras con un cruce de “Pinion” y “Eater Of Dreams” iniciaba la que hasta la fecha es la hora y media mas violenta, intensa, oscura y descaradamente poderosa que haya podido presenciar en un concierto.

Nine Inch Nails estuvo insultante y groseramente espectacular. Trent Reznor sigue teniendo la autoridad para imponerse al ambiente mas hostil que pueda tener en frente. Con “Copy Of A” y “Wish”, fue capaz de dejarme sin tanque por lo que quedaba de festival. Y no hablo de lo que quedaba ese día. Hablo de que a Reznor le dejé todo mi ser en cada beat, en cada teclado, en cada guitarrazo, en cada “fuck” que soltaba en sus canciones.
“Wish” fue sin duda el punto máximo del concierto. Es verdad que todos seguimos con la misma energía durante toda la presentación, pero es que algo pareció romperse en todas nosotros cuando sonó esa canción. El vídeo lo explica mejor que yo.

A ese inicio memorable (que lo es todavía mas por el “¡Que banda hijueputa!” del drogo de al lado, se le sumaron otros momentos gigantescos como “Terrible Lie”, “March Of The Pigs”, “Piggy”, “Survivalism”, “The Great Destroyer”, “Gave Up”, el guiño a The Social Network con “Hand Covers Bruise”, y un remate desgarrado con “The Hand That Feeds” y “Head Like A Hole”. No hubo ni “Closer” ni “Hurt”, esta ultima aparentemente porque se les acabó el tiempo. Para todos los que estuvimos ahí, la sensación era de “no puede ser real”. Realmente nos llevaron por un sueño de perversión, cadenas, y maldad condensadas en cuero; que finalmente se hacia realidad.
Hablando de los músicos, realmente espectacular lo del guitarrista, Robin Finck. Le da otro nivel a la banda con ese sentido del ritmo capaz de acoplarse de forma perfecta a las pretensiones de Reznor. Alessandro Cortini en teclados demostró por qué viene siendo un colaborador tan vital para Mr Self Destruct, mientras que Ilan Rubin en la batería se mostró infernalmente violento con cada golpe que daba. Sin hablar demasiado, tocando, cantando y moviéndose como solo el lo hace, Trent nos dejó a todos perplejos y con ganas de averiguar en su segunda venida, si todo lo que vivimos en esa hora y media fue real o solo un espejismo maldito. Es que, ¡Hasta se desahogó con un tornamesa! ¡Y haciéndolo nos puso a bailar mas de lo que Tiesto hizo el domingo! Pero me estoy adelantando a los hechos, así que retomemos.
Con esas impresiones en mi cabeza y habiendo terminado Nine Inch Nails, me dispuse a ir al baño. Cuando estaba saliendo, escucho el teclado de inicio de “Entertainment”. Me dispuse a correr, como lo había hecho en el día antes de llegar al festival. Lugar lleno, como era de esperarse, Una escenografía sencilla pero bastante efectiva, y seis tipos que por el contexto, parecía que estuvieran en El Campin tocando ante 40.000 personas.

Phoenix estuvo brutal. A pesar de que estuve bastante lejos del escenario (casi todo el concierto me la pase avanzando hacia la mitad porque hacia adelante era imposible), las vibras se sentían fácilmente a 20 metros del escenario. Los franceses son buenos, pero realmente con ese publico tan entregado hicieron de su presentación una película, donde “Entertainment” y “Lisztomania” eran el inicio, “Trying To Be Cool” el nudo, “Consolation Prizes” el climax, y “1901” y “Rome” junto al reprise de “Entertainment” el final. 
Thomas Mars es un lider carismático como pocos, y recuerda mucho en su fisonomía a su esposa, Sofia Coppola. Demuestra que lo de ellos no es hacer indie, o rock, o electrónica. Lo de ellos es hacer pop. Pop valiente, efectivo, directo a las emociones de quien los escucha. De ese que ya no se hace. Luego de verlos esa noche, me dejaron claro que son la mejor banda pop de la historia. Si, incluso por encima de Duran Duran.
Cuando Phoenix concluía y yo abandonaba el Festival, empezaron a estallar fuegos pirotécnicos. Y apenas concluía el primero de tres días, en lo que fue una fiesta sin fin. Costaba creerlo, pero ese era solo el principio.

En síntesis: buen pistoletazo de salida de Árbol de Ojos, tremenda presentación en sociedad de Portugal. The Man, regular Julian Casablancas pero volverá con The Strokes, inolvidable Babasonicos, brutal Nine Inch Nails, y buen pastiche pop cortesía de Phoenix.

Pronto la segunda parte…

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