Reseña: The Pretty Reckless – Going To Hell

Muchos clichés, demasiado común y corriente, y mas pendiente de seguir una tendencia que de buscar algo propio en medio de esa tendencia.

No tengo muy claro como los conocí. O al menos, de cuando escuché su nombre por primera vez, porque realmente es con este disco que logro entender en que consiste The Pretty Reckless, la banda liderada por Taylor Momsen. Pero el hecho de saber que hizo el papel de Cindy Lou Who en El Grinch, y que de ahí paso a Gossip Girl, para luego abandonar la actuación y dedicarse a la música, no deja de ser algo inquietante y atractivo.
Al principio no tenia mucho interés en escuchar Going To Hell, pero ocurre que mientras hacia el articulo por los 20 años de “Supersonic”, me encontré con un gran cover que hicieron a esa canción de Oasis. Eso me llevaría a escuchar Going To Hell y, por añadidura, lo que ya habían mostrado en su debut de 2010, Light Me Up.
Podemos definirlos como hard rock con vocación comercial, con proyección mas por la imagen de Momsen que por las canciones en si, con todo y que sencillos como “Make Me Wanna Die” y “Just Tonight” logran pegar fácilmente en su momento, permitiendoles girar con The Veronicas en 2009 y hacer parte del Warped Tour al año siguiente. El éxito de Light Me Up se dio principalmente en el Reino Unido, donde llegaron a encabezar la lista de los mas vendidos. En Estados Unidos ingresaron al Hot 100 de Billboard en un meritorio #65. Acto seguido, servirían de teloneros para Evanescence y Guns N’ Roses.
Para este segundo trabajo tuvieron problemas con su discográfica, Interscope, lo que demoró el lanzamiento que estaba planeado para el año pasado. Luego de abandonarla y firmar con Razor & Tie (la misma de Richard Ashcroft, P.O.D., o Twisted Sister), lanzan el primer sencillo en septiembre, “Going To Hell”. A este le siguen “Heaven Knows” en noviembre, y se espera que el tercer sencillo sea “Fucked Up World”. En los tres casos la idea es clara: guitarras por delante y Momsen armando lío desde el micrófono.
Un inicio tipicamente hard rock, cargado de bizarría y deseo en “Follow Me Down”. Despojada de intenciones creativas o de sutilezas, va dispuesta a todo con tal de impulsarte hacia abajo. El paréntesis del medio tiempo es solo un susurro al oído antes de seguir gritando, atada de las correas de la cama para prolongar la tortura. Le sigue “Going To Hell”, donde los riffs y golpes de batería parecen creados por el mismo Satanás. Verdaderamente cargada de ímpetu, y capaz de salvar el momento mas frío y desconectado entre banda y publico en un concierto.

En “Heaven Knows” no le venden el alma directamente al diablo (a ese que solo le importa vender los discos, ganar plata y exprimir su producto), pero es astuta su forma de acoplarse a esa tendencia del alternativo de bastarse con una percusión lenta, poco muro de sonido y voces mas bien sutiles pero envolventes, en la linea de Lana del Rey o Lorde. Con pocos elementos son capaces de armar un himno sencillo, directo y contundente para su publico.
Empiezan las power baladas modelo siglo XXI con “House On A Hill”. Guitarras acústicas y batería sencilla en las estrofas, seguida de distorsión y grito de guerra o redención en el coro. Bastante conmovedora, y una buena demostración de que no se han escrito todas las canciones que ese estilo puede hacer. Vuelve el pulso guitarrero en “Sweet Things”, mas heavy que nunca. Tiene presencia casi imperial, como si fuese una historia de amor con caballeros, princesas, dragones, castillos, torres y muchas, muchas guitarras. Es como si en Helloween cantara Amy Lee.
Unos cuantos segundos de una especie de monologo titulado “Dear Sister”, abren paso a “Absolution”. La tendencia se hace mas pop con las guitarras, y tiene algún momento de oscuridad a lo Nightwish. Tiene potencial como sencillo, no cabe la menor duda. Seguimos con “Blame Me”, típico numero rock pop, casi rayando en el estilo de Paramore. Se nota que no fue difícil de hacer: siguen el gancho y los compases como indica el manual, por mas que conserven su estilo.
El disco sigue con “Burn”, un acústico donde parece relucir el lado mas despojado, sincero y bizarro de Taylor. Realmente la imaginas en el Oeste, con su pareja, bebiendo cervezas en medio del desierto y tocando una bonita canción para su amado. Le sigue ahora la traviesa y desafiante “Why’d You Bring a Shotgun to the Party”. Tiene el desgarro y las ganas de patear traseros del inicio, aunque tal vez se le pudo haber sacado mas jugo.
“Fucked Up World” es otra de esas realmente desafiante, pero que para la ocasión usa el pop como punto de partida. Se les abona bastante creatividad en algunos momentos de la batería. El final con “Waiting For A Friend” es optimista, alegre, acogedor y algo inesperado para un trabajo que no pareció moverse mucho por esos derroteros a lo largo de las doce canciones.
Going To Hell no es la gran cosa, si me lo preguntan. Muchos clichés, demasiado común y corriente, y mas pendiente de seguir una tendencia que de buscar algo propio en medio de esa tendencia. Pero si se le mira desde su vocación netamente comercial, es un trabajo bien pulido y bastante directo (cosa no muy frecuente en los segundos discos). Tal vez se les puede acusar por incluir mas momentos acústicos de los que necesitaban, porque le quitan fuerza a un disco que de haber sido mas eléctrico, podría haber llamado mas la atención. Eso y que la producción no refleja realmente la solidez que pueden tener esas canciones en vivo.
Mi recomendada es “Sweet Things”. Seria una buena entrada para los Jinetes del Apocalipsis.
Aquí va “Follow Me Down”.

Calificación: 2.5/5
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