Reseña: Kasabian – 48:13

Si algo lo hace determinante, es el estar influidos por ellos mismos.

Entre mas lo pienso, mas creo que no debería haber escrito esta reseña. ¿Por qué? Bien, ocurre que la ética periodística dice que uno debe asumir por lo general una posición neutral cuando quiere abordar una información de manera objetiva. ¿Hasta donde es objetiva una reseña? Difícil determinarlo, porque si bien moldea el gusto de un publico determinado, también da espacio a establecer un criterio muy propio. Es de ahí de donde salen los gurús y los “genios” que pisotean el esfuerzo de mucha gente por el simple hecho de que criticar es mas fácil que hacer. Es, básicamente, el arma de doble filo del periodismo musical, y mucho mas del que se sostiene en publicaciones online.

Lo anterior lo digo porque Kasabian es una de mis bandas de cabecera. Cuando decidí regresar a las publicaciones (y sobre todo cuando surgió la posibilidad de lanzar THIS IS MUSIC en radio), esta banda iba a ser (y es) una de mis prioridades en lo que a promoción y atención se refería. No me parece una jugada tan desleal, la verdad. Mucho menos cuando la competencia le da prioridad a Don Tetto, Bomba Estereo o Rihanna en sus conversaciones. Ellos hablan de eso, yo lo hago de Kasabian, tanto como pueda.
Eso hace que mi visión de 48:13, su quinto álbum, pueda distorsionarse demasiado y se ofrezca a cambio una alegoría a la banda de Leicester. Pero hubo dos cosas que me animaron y, de paso, me tranquilizaron con relación a la escritura de estas lineas: el álbum en si, y sus detractores.
Vamos por partes: Kasabian a pesar de tener una popularidad en su país y en Europa comparable a la de Arctic Monkeys o Franz Ferdinand, y pese al incremento de su fanaticada de forma progresiva en Latinoamerica; en Colombia no ha corrido con tanta suerte. Supongo que aun hay mucha gente reacia al hecho de combinar la discoteca y el rock de la forma en que lo hacen, pero aun así no me parece un motivo tan contundente para explicarlo. 
A eso sumarle que la radio desafortunadamente no les presta toda la atención que deberían (al menos cuando se compara con Arctic Monkeys, The Black Keys, Muse o Kings Of Leon, por ejemplo). Eso y el hecho de que (al menos para mi) representan esa simbiosis entre la discoteca, el hip hop y el rock mas potente que podría cambiar el mundo para siempre. Esa misma que Primal Scream portó en su momento y que ve en los Pizzorno, Meighan, Edwards y Matthews una continuidad que no debe ser pasada por alto. De nuevo.
Paradojicamente, algunos critican que Kasabian se hace mas conocido ahora con el lanzamiento de “Eez.Eh”. Aunque se me hace que todavía les falta mucho para cosechar una legión tan importante como la de, por ejemplo, Arctic Monkeys o Coldplay; a los que salen con eso les digo, ¿Y qué? ¿Es que no lo merecen? ¿Necesitaron colaborar con Rihanna o Jay-Z para eso? ¿Necesitaron a Avicii para adaptarse a la discoteca?
Si están alcanzando reconocimiento internacional es por méritos propios. Le están ganando la guerra a muchos de sus contemporáneos jugando su propio juego. Soy de los que piensa que cuando los fans hacen de las bandas un sitio privado donde no puede entrar nadie, están condenando al mundo a ser un cliché mas prolongado. ¿No creen que la historia merece decir que un día Kasabian cambió las reglas de juego y el mundo no volvió a ser el mismo?
Supongo que eso mismo se preguntó Sergio Pizzorno durante la grabación de este álbum. Sintió que la ambición y la confianza alcanzadas con Velociraptor! les permitirían avanzar al siguiente nivel, y para ello parece que encontró una influencia que destaca por encima de todas las que han venido mencionando desde meses atrás como The Prodigy, The Chemical Brothers, Kanye West, Death Grips, Beck, Beastie Boys, o Nirvana: la de Kasabian.
Así es, si algo hace determinante el 48:13 es el estar influidos por ellos mismos, por las búsquedas tan particulares que han plasmado en sus cuatro trabajos anteriores. Y la búsqueda en esta ocasión obedece a algo tan simple como saber que el primer instrumento que tuvo Pizzorno en sus manos (según sus propias palabras) fue un sampler. Luego estalló el britpop y se compró una guitarra. Esa sola idea sostiene mucho de lo que hay detrás de las canciones del disco.

Es una combinación que se ve desde la portada del álbum, combinando en su imaginario el White Album y el Sgt Peppers de The Beatles. Minimalismo y acidez, como la de esos papeles que sirven para analizar el PH. No es su mejor portada, evidentemente. Pero en aras de transmitir una idea de sencillez y desafío, puede que funcione.


“(Shiva)” con su sintetizador bien en la linea de La Naranja Mecánica abre paso a “Bumblebee”, tema con toda la autoridad y el poderío que posee una banda con tanta confianza en sus posibilidades como esta. Es el inicio del primer acto: el de las guitarras. “Stevie” es, de hecho, el típico numero de guitarras de Kasabian con una variación: tiene la confianza y la experiencia del Velociraptor! tanto en la ejecución como en la producción. Tiene algo de reminiscencia con los tiempos de Empire y una letra que invita a pelear por un nuevo día, peleando contra la sobre información de los medios.
“(Mortis)” abre paso con su minimalismo a un segundo acto mas dominado por la electrónica y, en consecuencia, a una de mis canciones favoritas de 48:13: “Doomsday”. Es como Gary Numan conociendo a Chuck Berry y haciendo una banda sonora para Guy Ritchie. Hermana de “Fast Fuse” en lo que al ritmo se refiere, es la que tira a convencer a los seguidores conquistados con West Ryder Pauper Lunatic Assylum. Aunque en este caso hablamos de un tema principalmente guitarrero, es una buena transición para lo que se verá mas adelante.
Y es que en esa consigna que tenia Pizzorno de desafiar la estructura o las expectativas de una cancion a la manera del Yeezus de Kanye West, “Treat” cristaliza completamente esa idea. Primero con guitarras crudas que se combinan con la batería de Ian de forma esplendida sonando cual The Prodigy sin cadena que los contenga. Y luego con una especie de suite electrónica minimalista pero igualmente efectiva para ponernos en trance y dejar llevar el cuerpo a ese ritmo. Con subidas y bajadas de ritmo, es su versión de una rave. Si se fijan, la idea y estructura son parecidas a “I Am The Resurrection” de The Stone Roses, convirtiéndose de esa forma en la médula que sost
iene el concepto detrás de 48:13.

Seguimos con “Glass” que nos lleva a un acto donde el hip hop y la electrónica se hacen mas cercanos que nunca en Kasabian. Es la que muestra con mas claridad la influencia de Death Grips en este trabajo, que el mismo Pizzorno confirma en la concepción de 48:13, cosa que explicaría la participación de Suli Breaks en la parte hablada del final. El agregado de la guitarra acústica le da el tono de nostalgia que exige una letra como esa, una completa alegoría a la desesperación, la soledad, y al deseo de ser salvados. Igual que en “Wonderwall”.
La siguiente cancion, “Explodes”, ya había aparecido en un comercial para G-Star el año pasado, y era desde ese momento un buen indicio de lo que se podía esperar del quinto trabajo de la banda de Leicester. El golpe cadencioso de la batería de Ian Matthews y ese sintetizador frio pero rompedor la ponen en linea con sus inicios, mientras que la letra, fieles a su estilo, relata la vida del rockstar que salta de una piscina y “prefiere morir de pie que vivir de rodillas”. El cambio de ritmo al final es impresionante, como si el cohete se pusiera a punto para despegar.

Una especie de mantra emparentado con los años de West Ryder titulado “(Levitation)” es la apertura del tercer y ultimo acto. Uno donde todo es mas caótico e impredecible cuando se trata de hablar de un estilo concreto que lo defina, iniciando con “Clouds”. Mantiene los ganchos del debut que ya se venían probando en “Explodes”, pero ahora aporta una tónica mas descomplicada, al servicio del tipo de estructuras que solían usar en Velociraptor! Y aquí es donde se supone que todo cobra sentido, o acaba de perderlo (depende de si te gustó o no), porque es el turno de “Eez-Eh”.


Son amores y odios para una cancion que no debería sorprender tanto. Es decir, para mi era cuestión de tiempo para que Kasabian saliera con algo así. Y la verdad resulta convincente por el simple hecho de que no hay un Calvin Harris o un Steve Aoki que la este haciendo sonar “comercial” atrás (de hecho, si ven esto entenderán a que me refiero con que lo veía venir). Son ellos haciendo su versión de un himno para el verano. Y resulta todavía mas convincente por la letra, que apelando a ser hecha a trozos (como las canciones de Nirvana) consigue ser enérgica y no tan plástica cuando se compara con intentos contemporáneos de hacer lo propio. Es hasta conspiratoria, si me lo preguntan.

“Bow” es “Take Aim” pasada por sintetizadores. Tomando en cuenta que la comparamos con una fija en sus directos y una de las que mas corea el publico en sus conciertos, no es poca cosa. No extrañaría verla como sencillo, porque realmente la rompe. Cumple con los requisitos de todo himno festivalero que se respete: estribillos y coros que se hacen colectivos, y la instrumentación mas inusual posible para un tema de esas proporciones.
“S.P.S.” es el final de la fiesta, como limpiando el desastre. Siendo posiblemente lo mas cercano que haya hecho Kasabian a un tema de Oasis, Sergio explicaba que era el resultado de buscar una banda sonora para esas fiestas en las que él y el vocalista Tom Meighan regresaban a sus casas y hablaban de tonterías en medio de su borrachera. Es un punto medio interesante entre “Happiness” del West Ryder y “Goodbye Kiss” del Velociraptor! Final conmovedor que lo hace uno volver a revivir la fiesta, ya sea la del disco o la fiesta propia.

Viéndolo bien, se me hace que Kasabian buscaba por momentos otro estándar de psicodelia con este trabajo. Uno distinto al que portan Temples, Tame Impala o The Horrors. Decidieron que la droga que volaría mentes, oídos y hasta traseros debía aparecer desde la discoteca y aprovecharía las guitarras para enganchar a ese publico que odia el templo espiritual de los DJs, y de paso darle otra perspectiva al templo espiritual de los DJs para hacer lo que saben. A ese nivel, o todos los acaban amando, o todos los acaban odiando.

Y es por eso que me fascina 48:13. Busca la esencia del debut, pero no olvida del todo las guitarras. Saben que la electrónica lo mueve todo hoy, pero que las guitarras hicieron mucho de lo que son actualmente para su publico. Tres interludios impecables, equilibrio entre adrenalina desbordada y melodías delicadas, pienso que el bajo de Chris Edwards no fue tan determinante en el resultado final y eso le quita puntos. Su explosividad y lineas como las que hace en “Vlad The Impaler” se echaron un poco en falta, aun cuando tiene momentos buenos en “Bumblebee” o “Doomsday”.

Como nota off topic, lo que si deben mejorar son las interpretaciones de sus temas viejos. Los últimos conciertos han fallado un poco en eso, si bien todo parece indicar que en Glastonbury se sacarán esa espina.

No obstante, eso no quita que 48:13 es su Achtung Baby.

Mi recomendada es “Treat”. En vivo tiene un potencial impresionante que si se sabe aprovechar, puede elevar sus conciertos al siguiente nivel.

Aquí va “Bow”.

Calificación: 4.5/5
Anuncios

2 comentarios sobre “Reseña: Kasabian – 48:13

  1. Gracias por esta reseña. Me encanta saber que no soy la única que comparte el gusto por Kasabian.Mi banda favorita es sin duda, la conformada por los locos de Leicester. Nos veremos en Marzo. ¡Get Loose, Get Loose!

    Me gusta

Responder a Anónimo Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s