Niño Nuclear y Los Mutantes de Saturno, rock espacial desde Venezuela

Historias que te dejan viendo estrellas en un mar de distorsión.

Hace unos meses cuando inauguré esta sección, mencioné que mucha de la inspiración que tuve para hacerla, se debió a un chico de Venezuela que me contacto a principio de año para que escuchara a su banda. Ese día estuvimos hablando del rock de nuestros respectivos países, de sus virtudes y sus vicios. Y, por supuesto, de su banda.
Niño Nuclear y Los Mutantes de Saturno se forma en abril de 2012 en circunstancias donde la muerte parece ser un hilo conductor que, curiosamente, termina forjando algo bastante positivo. Un amigo de Mechu, el guitarrista, vocalista y líder, falleció victima de su adicción a las drogas. Por parentesco con el muerto, aparece Ovidio, el otro guitarrista de la banda con el que inicia esta historia, a quienes pronto se les unen Leonardo en la batería y Fernando en el bajo. 
Decidieron hacer algunas presentaciones en Colombia debido a las dificultades que hay en Venezuela de salir adelante con una banda de rock emergente en el contexto actual. Ademas que Mechu consideraba “una falta de respeto” tocar con el contexto como se encontraba en ese momento. Respecto a de donde aparece el nombre, me contaba que se inspiró en el personaje del Niño Nuclear de Los Simpson. En la entrevista incluso bromeamos un poco con eso al decir que era “Atómico, se dice atómico”. Después de todo, compartíamos el fanatismo por la serie.
Mientras hablábamos con Mechu, me internaba sin remedio en ese impredecible álbum titulado Los Mutantes Nunca Mueren, el segundo de su trayectoria. Crudo, con cambios de ritmo constantes, guitarras al frente, bajo y batería sencillos pero siempre sosteniendo el ritmo; letras que buscan escaparse aunque sea un poco de la realidad, y una solidez en el acople impresionante, dada en parte por la experiencia previa de sus miembros en otras bandas, lo que les permite experimentar un poco con ese acople, probando siempre dinámicas diversas en las canciones.
Uno de los mejores ejemplos es “NewLand”, el tema que abre Los Mutantes Nunca Mueren. Alterna entre lo melódico y lo pesado, al mejor estilo de Pixies. Se dan hasta el lujo de hacer una especie de suite en “Cap I Despegue”, “Cap II De La Tierra”, “A La Luna” (literalmente es como si los Sex Pistols hicieran un Unplugged) y “Cap IV Destino”, donde parecen cruzar algo de la onda de los Pixies de Trompe Le Monde con Spacemen 3. Para dotarla de épica, hay momentos donde se incluye una armónica que parece conducir la historia a su antojo. Con respecto a las letras, Mechu me comentaba que leyó bastante a Julio Verne, concretamente los libros De La Tierra A La Luna y Viaje Al Centro De La Tierra, supongo que para darle mas alas a la intencionalidad espacial.
Cuando hablábamos de influencias con Mechu, era curioso porque el mencionaba unas y yo descifraba otras en lo que escuchaba. En el primer caso, destaca a sus compatriotas Dermis Tatu y Desorden Público como inspiraciones para meterse en la música. Cuando le estuve haciendo la entrevista a la banda completa hace un mes en la emisora, me contaron que Barquisimeto, la ciudad donde nace Niño Nuclear, es conocida por ser el epicentro del metal en Venezuela. Entre eso y algunas bandas hardcore de las que me habló Mechu, deduje que esa pesadez también fue determinante para conformar un sonido definitivo.
Dentro de las cosas que pude rastrear en su sonido como oyente, es notoria la influencia de Dinosaur Jr. en temas como “NewLand” o “San Cristobal”, el tema que escribió para su fallecido amigo. A nivel de concepto lo relacione casi de inmediato con Bowie en su etapa Ziggy Stardust, por el equilibrio de melodía y crudeza en los instrumentos, ademas de la intención mas o menos conceptual del álbum. La voz de Mechu sigue patrones muy parecidos a los de Beck, pero se evidencia en él su intención de ser mas contundente.
Cuando los escuche en vivo unos días después de entrevistarlos en la emisora, ese acople volaba totalmente la cabeza. Había una cantidad respetable de personas viéndolos, y veías que dos cosas chocaban invariablemente: la potencia de su directo con su actitud mas modesta y desenfadada. Básicamente se consideran antiheroes al mejor estilo de Hulk: salvan al mundo sin darse cuenta y sin proponerselo. Para mi son mas son como Nelson Muntz: no son héroes, les gusta golpear a la gente. No con puños, pero si con historias que te dejan viendo estrellas en un mar de distorsión.
Pueden escuchar su álbum Los Mutantes Nunca Mueren a continuación.

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