Reseña: Judas Priest – Redeemer Of Souls

Es un equilibrio bien calculado entre el estilo de British Steel y sus trabajos de los noventa.


Judas Priest es el icono del heavy metal por excelencia. Definió el genero que Black Sabbath inventó, alejándolo del blues y haciendo un sonido mas rápido y duro para la época fuese cual fuese, porque siempre eran los mas heavys, fuese en los setenta, los ochenta o todavía en los noventa.
Esa reputación llegó esencialmente por introducir al metal lo que se dio a conocer como las “guitarras gemelas” que ya eran seña del hard rock desde que Wishbone Ash y Thin Lizzy las incorporaran a principios de los setenta. En Priest serian manejadas durante tres décadas por Glenn Tipton y K.K. Downing. Si a esto le sumamos la introducción de la indumentaria de cuero en el metal y la voz del metal god Rob Halford, estamos hablando del grupo metalero por excelencia.
Stained Class, Killing Machine, British Steel, Screaming For Vengeance, Defenders Of The Faith, Painkiller e incluso Turbo y Nostradamus fueron demostraciones sucesivas de poderío, versatilidad, y contundencia que les dieron una legión de fans que va mas allá de cualquier subgénero en el metal. Es un respeto que se ganaron siempre superándose (o al menos desafiándose) a si mismos.
Para esta ocasión encontramos que a Judas Priest la azotan las dudas como nunca desde que Rob abandonara Judas Priest en los noventa, luego de que K.K. decidiera abandonar el barco por diferencias creativas con los demás miembros. Su reemplazo es Richie Faulkner, quien durante el Epitaph Tour de 2011 se encargó de reemplazarlo satisfactoriamente. Luego de grabar desde 2012, aparece el decimoseptimo trabajo de estudio de la banda de Brmingham: Redeemer Of Souls.
Y arranca bastante bien, porque “Dragonaut” pone insolencia y épica en tus oídos desde el primer guitarrazo. Va bien por el estilo de Screaming For Vengeance. En la homónima “Redeemer Of Souls” encontramos un tono mas parecido al que venían usando en Nostradamus, narrando una historia de ultratumba con algo de power metal en su ejecución. Es como un termino medio entre Rainbow y Helloween.
“Halls Of Valhalla” y “Sword Of Damocles” conservan en parte ese tono místico, pero ya adquiere mas importancia la batería de Scott Travis, que sin dar todo lo que había dado de si misma en Painkiller, sabe situar esos temas un poco mas en esa etapa concreta de la banda. “March Of The Damned” es otro himno marchante de cuero y tachas al estilo de “Metal Gods”, mientras que “Down In Flames” concluye lo que podríamos denominar como la primera parte del álbum.
En la segunda los encontramos dándole espacio a la experiencia de tantos años con álbumes y giras mundiales a las espaldas. “Hell & Back” recuerda un poco los años de Point Of Entry, mas orientados al hard rock con una entrada acústica notable. Meten algún sintetizador de forma sutil en “Cold Blooded” como una especie de reminiscencia a los años de Turbo. Tiene algo mas de pesadez a pesar de conservar la dinámica de la anterior.
Con “Metalizer” se van de lleno a los tiempos de Painkiller. Básicamente a Travis le liberan las cadenas y aporrea los tarros de manera notable. Eso junto al registro malévolo de Halford y el pulso de las guitarras de Tipton y Faulkner arman un tema que seguramente no faltará en la gira de promoción de Redeemer Of Souls. “Crossfire” desde la entrada parece un guiño a Jimi Hendrix con ese riff medio blusero, aunque luego de un rato se nota que no pierde por ello el vértigo que caracteriza a Judas Priest al darle mas velocidad.
Vamos llegando al final y aunque “Secrets Of The Dead” no suena nada mal, ya da síntomas de agotamiento porque no parece tener un punto donde realmente despegue. Por fortuna se reponen bien con “Battle Cry”, que parece ir por la mitad entre los años de Screaming For Vengeance y los de Painkiller. Para cerrar, una tonada acústica bien desolada con “The Beginning Of The End”, donde Halford saca un lado mas crooner para concluir de forma impecable.
Debo ser honesto y decir que no esperaba mucho de Redeemer Of Souls. Esperaba (como finalmente ocurrió) una vuelta a lo básico luego del conceptual Nostradamus. Aunque aquí deberían rastrearse las razones por las cuales KK Downing abandona Judas Priest, realmente no vez qué le disgustaba del sonido (a menos que quisiese mas experimentación). Es un equilibrio bien calculado entre el estilo de British Steel y sus trabajos de los noventa, donde a veces puede parecer algo plano el resultado. Seguramente uno se acostumbra tanto a que desafíen sus limites como se dio en Turbo, Painkiller y Nostradamus, que el hecho de volver a lo que mejor saben hacer no te deje tan satisfecho como quisieras. Eso, por supuesto, no le quita nada de merito a un trabajo donde dejaran satisfechos a sus fans y puede que retomen algo de confianza en el futuro luego de la partida de Downing.
Mi recomendada es “Halls Of Valhalla”. Lo bueno de Judas Priest es que uno sabe que si las cosas se ponen difíciles, Scott Travis siempre estará ahí para recomponerlas.
Aquí va “Dragonaut”.

Calificación: 3.5/5

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