SOMA 2014 (Día 2): La tormenta psicotrópica y otros cuentos

Colombia ya está lista para tomarse con mas seriedad la neo psicodelia.


Antes de empezar, me gustaría darle las gracias a la gente de Revista Cultural Sono, que muy amablemente me ofrecieron la posibilidad de asistir a tres de los cuatro días del Festival SOMA en calidad de acreditado de prensa. Además de las implicaciones profesionales que eso conlleva, realmente tenia muchas ganas de asistir al evento, si bien antes de contactarme con ellos ya había decidido ir por mi cuenta, así fuera ese segundo día únicamente.

Y la razón por la que tenia en mente asistir ese día se reducía a dos palabras: Tame Impala. Uno de los chicos de Cali que conocí durante el concierto de Arctic Monkeys insistía en decirme que era la primera banda de rock “moderna” o apropiada para esta década. Por supuesto, sabia que eran bastante buenos, pero quedaba por ver si un comentario de ese corte era acertado o no. Y claro, ver si en vivo podían transmitir ese frenesí desahogado en las pedaleras del guitarrista y vocalista Kevin Parker.
Con respecto a los otros nombres, iba principalmente a conocer. Es una constante en el Festival: hay uno o dos nombres por día con los que tienes expectativas claras, y el resto están autorizados a sorprender al respetable. De The Lumineers conocía muy poco aparte de “Ho Hey”, de Esteman esperaba que pudiera refrendar las buenas sensaciones que dejó en Estereo Picnic 2013, y de la argentina Daniela Spalla nada se sabia entre nosotros, así que se podía esperar cualquier cosa.

Aunque iba acreditado y en plan por así decirlo, “profesional”, también quería conocer a un amigo de Medellin con quien he tenido la oportunidad de hablar regularmente por Facebook, principalmente de música. Lo pude ver ese día y al día siguiente, después de la presentación de Metronomy. Ambos días cuando buscábamos un veredicto para las presentaciones importantes de cada día, terminó igual que yo: prácticamente sin palabras ante lo que había visto en el escenario.

Con él y Daniela Spalla arranqué la velada. Proveniente de Argentina, nos deleitó con su estilo notablemente deudor al de Javiera Mena, siempre yendo entre lo sintético y lo orgánico. Tomando en cuenta que realmente poco y nada sabíamos de ella antes de su presentación, dejó una buena impresión entre sus asistentes interpretando las canciones de su álbum debut, Ahora Vienen Por Nosotros, lanzado en el 2013. Especialmente destacadas resultaron la que le da nombre al disco y la canción “Arruinármelo”, primer sencillo del mismo. Como frontwoman coincidimos en que no destacaba demasiado, pero la voz le ganaba puntos a favor. Es una promesa que todavía debe pulirse bastante para ser una realidad.

A esa presentación en sociedad le siguió Esteman, que ratificó su rol como icono de la escena alternativa del país en una presentación donde se mostró con más argumentos musicales, más fuerza en su banda acompañante, y una puesta en escena más discreta en comparación a lo que le había podido ver  en el Estereo Picnic 2013, donde parecía empeñado en emular a los Talking Heads del Stop Making Sense.

Pero esa noche la cosa fue muy diferente. La escenografía y la ropa de la banda era más fácil de asimilar, y sobre todo, mas apropiada para ese público, sustentando eso un hit tras otro. “Adelante”, “True Love” y “Pobre Corazón” (donde incluso se atrevió con sendos homenajes a Café Tacuba y Los Fabulosos Cadillacs) fueron los puntos más destacados de su presentación.

Concluida la presentación de Esteman, dejé al chico de Medellin y subí al palco con el resto del equipo que me había acreditado. Creo que no hablé mucho esa noche. No suelo hacerlo, pero esa noche andaba algo pasmado, como si de verdad me quisiera tragar el escenario con los ojos. Dudo que fuera por Tame Impala. Mas bien, creo que esa noche me estaba tomando más en serio que de costumbre.

Era el turno de The Lumineers, que esa noche llegaban como uno de los nombres con más expectativa de esta edición del SOMA. Como abanderados del indie folk y con el éxito de “Ho Hey” y “Stubborn Love” a las espaldas, animaron el ambiente en el Royal Center con el carisma de todos sus miembros, especialmente del vocalista Wesley Schultz y su chelista, Neyla Pekarek.

Sorprendió un poco el hecho de que “Ho Hey” la interpretaran tan rápido (fue la cuarta canción del setlist), pero al mismo tiempo sirvió como evidencia para demostrar de que tenían suficiente confianza en sus otras canciones. De hecho resultó particularmente brillante la interpretación que hicieron de “Slow It Down”, con un muy buen acompañamiento de Jeremiah Fraites en la percusión.

Aunque solo se comunicaron en inglés, The Lumineers siempre se preocuparon por hacer que su presentación fuese cercana e íntima para el público. Tan así, que incluso plantaron un escenario improvisado en medio de los espectadores, interpretando allí las canciones “Darlene” y “Elouise”. El cierre con “Big Parade” terminó de consolidar una conexión notable entre banda y público. Insisto, en lo absoluto esperaba tanto de esa agrupación.

Para concluir la noche con broche de oro y mientras mi concentración en el escenario me seguía distanciando de la realidad, llegaba el turno de la banda que todos queríamos ver. De la banda que me venían taladrando desde hace dos años que era la primera de rock “moderno”. Si, hablamos de Tame Impala.

¿Como carajos describe uno esa tormenta psicotropica que es Tame Impala en vivo?. Bueno, ¿aparte de ser una autentica tormenta psicotropica? Me cuesta todavía una semana después de verlos, pero si me quedan claras dos cosas: que en Australia usan drogas mas fuertes que en el resto del planeta, y que Colombia ya está lista para tomarse con mas seriedad la neo psicodelia. Prueba de eso, el delirio tan gigantesco que produjo su presentación.

No se si todo el publico se mentalizó para comportarse de esa manera, pero la cosa es que todos se rendían en medio del olor a marihuana ante los guitarrazos y los teclados prolongados que se iban sucediendo una canción tras otra. Realmente se creían el cuento de ver y gozarse a sus ídolos. Realmente parecía como si creyeran que pagando por la boleta iban a tener pasaporte sin retorno a ese mundo tan extraño del que salieron las letras de Lonerism.

Por su parte los australianos encabezados por Kevin Parker dejaron claro por qué son la banda que representa por encima del resto el rock de esta década, ofreciendo un repertorio de una hora y media que incluyó su clásica “Elephant”, junto a una artillería cargada de acidez y melodía donde brillaron con luz propia “Half Full Glass Of Wine”, “Solitude Is Bliss”, “Mind Mischief”, “Apocalypse Dreams”, y sobre todo “Why Won’t You Wake Up Your Mind?”.

Entre arranques descontrolados de psicodelia, una contundencia notable en los ritmos del bajo, una batería que en vivo parece arreglada para incitar a bailar a cuanta audiencia tenga en frente, los teclados siempre aportando la cuota que distorsionada el espacio y el tiempo en ese lugar, las guitarras que en medio de la fiebre por los pedales de efectos dejaron claro que su vocación real es la melodía, y la voz de Parker cubriendo todo eso con su calidez e inocencia tan australianas… Definitivamente todo estuvo pensado para sacarnos de Bogotá por un rato.

Fue un show maravilloso, el sonido estuvo perfecto salvo las canciones que hicieron en el encore, donde parecía que los pedales habían sobrepasado la capacidad del Royal Center para aguantar esa carga de narcóticos destilados en música. Todo eso bien complementado con una escenografía que reconfortaba en medio de la acidez que inspiraban tantos colores vivos surcando el teatro. Abrieron la mente de todos nosotros, dejando claro a todos los asistentes que ahora son ellos los que imponen las reglas de juego en el panorama del rock internacional.

Cuando la presentación acabó, una de las chicas que me acompañó en el palco me preguntó que si no me había gustado el concierto, pues me vio inmóvil y sin expresión alguna en el rostro una buena parte del show. Le dije que en realidad lo que ocurrió es que me sentí tan sobrepasado por Tame Impala que simplemente podía pensar “¿como lo hacen esos desgraciados?”. De hecho recuerdo que salté bastante durante una buena parte del concierto.

Mientras regresaba a mi casa en taxi, mis oídos zumbaban con fuerza. No se decidían si hacerlo al ritmo marchante de “Elephant”, si con la exuberancia de “Solitude Is Bliss” o con la meloseria de “Feels Like We Only Go Backwards”. Ni siquiera en mis sueños la cabeza decidía que banda sonora quería para ambientarlos. Supongo que eso es lo que representa la abstinencia para un fanático a muerte de Tame Impala.

Mañana la segunda parte de la crónica.

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