SOMA 2014 (Día 3): Las cartas de amor de Metronomy

Desde ese momento lo vi como lo que era desde un principio: una reunión de amigos que celebraban el final del semestre al ritmo de buena música.

El tercer día del Festival SOMA se presentaba con una cuota de artistas muy diferente a la de los días anteriores. No había psicodelia o pop agradable al gusto del hipster, sino una buena cantidad de propuestas relacionadas con el indie y la electrónica en formato DJ. En el primer grupo se encontraban Little Jesus de México y Metronomy de Inglaterra, mientras que en el segundo teníamos a Guberek de Colombia, Green Velvet de Estados Unidos y BeGun desde España.
Hubo un cambio de escenario en las horas anteriores al evento, puesto que al principio ese día las presentaciones serian en Theatron. Por razones que imagino estaban relacionadas con la logística, la fiesta se trasladó al Metropol, lugar donde también tuvieron lugar las presentaciones del día sábado.
Llegue al lugar pasadas las ocho de la noche. Aunque había decididamente menos gente que el día anterior para Tame Impala, seguían siendo bastantes personas. Me encontré con varios amigos en la fila, con los que quede de verme adentro, mientras trataba de sobrellevar el frío tan fuerte que hacía a esa hora.
Mientras esperaba a las personas que me consiguieron la acreditación, me preguntaba qué podría hacer Metronomy esa noche para sorprenderme. Por supuesto, sabía que eran estupendos, que Love Letters era un trabajo admirable y todavía recordaba muy bien la presentación que pude ver de ellos a mitad de año en Glastonbury. Pero una cosa es verlo y escucharlo en la comodidad de mi casa, y otra muy diferente disfrutarlo en mis cinco sentidos, compartiendo espacio reducido con cientos de personas.
Finalmente llegaron los que me acreditaron, y mientras hablábamos de varias cosas, me recordaron un detalle muy interesante: ese mismo día tocaba Deep Purple en el Coliseo El Campin. Por alguna razón me acorde de un artículo que leí alguna vez donde destacaban que el mismo día que Soda Stereo estrenaba su disco Dynamo en Obras Sanitarias (con Babasónicos de teloneros) representando de alguna forma el futuro que tomaría el rock argentino, Serú Girán regresaba a los escenarios en el estadio de River para complacer a la vieja guardia y separarse al poco tiempo por el ego de Charly Garcia. Un poco como el ego que separó a Ian Gillan y Ritchie Blacmore…
Finalmente entramos al Metropol, pero rápidamente me separé del grupo para buscar a mis amigos. Decidí hacerlo por dos razones: una, cuestión de enfoque. Aunque me había gozado mucho el show de Tame Impala el día anterior en el Palco, creo que en parte me sentía muy anti natural, como domesticado en medio del salvajismo que ameritan ese tipo de situaciones. La otra razón, era el último día de universidad. Eso había que celebrarlo.
La velada se encargó de iniciarla BeGun. Siempre portando un estilo atmosférico y envolvente pero sin dejar de lado el hacernos mover por momentos. Las proyecciones en la pantalla y las luces apoyaron bien el set. Rápidamente animo el ambiente entre los asistentes, yéndose con la aprobación de todo el respetable del Metropol. En ese rato me encontré con mis amigos, y en medio de la emoción mi cámara se fue al piso. Es por esa razón que no hay muchas fotos (ni muy buenas) en este post ni en el próximo. 
Cuando finalizó BeGun y luego de unos minutos, dos de mis amigos, uno con el que me gradué de bachillerato y una chica de Manizales con la que ya había coincidido en los dos conciertos de Franz Ferdinand en Bogotá, decidieron subirse al segundo piso. Los seguí, pero no me sentía muy seguro de hacerlo. Después de todo, la idea esta vez era disfrutar de Metronomy en espacio reducido. Al ver mi indecisión, mi amigo me dijo palabras más, palabras menos lo siguiente:

“Si bien un concierto se debe disfrutar ‘untándose de pueblo’, cuando lo hace en un palco o más alejado de todo eso, al final aprecia mejor la música, que es lo que importa finalmente”.

Sé que lo dijo para justificarse, pero tampoco puedo negar que algo de razón tiene. A veces cuando uno se concentra tanto en expresar el ambiente de un concierto partiendo de las palabras, puede perder el juicio más o menos objetivo de la presentación de una banda. Obviamente siempre habrá momentos, bandas y en este caso, amigos que lo hagan a uno cambiar de emociones y perspectiva constantemente. Digamos que desde ese momento lo vi como lo que era desde un principio: una reunión de amigos que celebraban el final del semestre al ritmo de buena música.
En ese momento siguieron los mexicanos de Little Jesus. Aunque había escuchado un par de cosas interesantes de ellos, le pedí referencias a mi contacto de Sound & Vision para el que escribo reseñas de vez en cuando. Me dijo que no esperara mucho, que tampoco son lo mejor que tienen por allá. Por mi parte pensé “están autorizados a sorprenderme”.
Demostraron ser una combinación de Vampire Weekend y Austin TV en lo que a los cambios de ritmo y el acople se refiere, pero con cierta debilidad por la música tradicional mexicana en muchos de sus ritmos. No fue un show muy afortunado de su parte, a pesar de que una buena parte del público estuvo saltando a su ritmo durante toda la presentación. Incluso en una de las canciones, dos de los músicos hacían juego de manos. Al menos entre mis acompañantes y yo, fue motivo de risa por el resto de la noche.
Tuvieron problemas a la hora de ejecutar en vivo. Los teclados, por ejemplo, no sonaron con mucha fuerza a pesar de ser una parte importante de su sonido. Muchas veces sus canciones no se decidían entre ceder a su impulso mexicano, o la inspiración indie, o el tono más agresivo del bajo. Cuando le dieron las gracias a Philip
pe Siegenthaler
por traerlos a Colombia por segunda vez, creo que no fui el único en pensar lo incomodo que podía resultar eso para su valedor con una división de opiniones tan clara entre el público. De cualquier forma, destacaron “Sube Y Baja” así como su clásico “Azul” durante su show.
Le llegó el turno a Guberek, que tenía la difícil tarea de calentar al público antes de la presentación de Metronomy. Debo reconocer que no tuvo la misma fuerza o conexión sónica que podía ofrecer BeGun, pero también es importante destacar que su rol no suele ser el del DJ que se convierte en el centro de la situación. Más bien, es de los que pincha en silencio los ritmos apropiados para hacer de fondo a la vida social de todos los presentes. No sé si era la mejor perspectiva para asumir tomando en cuenta lo que se venía, pero permitió que el ambiente se relajara y la actitud de todos estuviese dispuesta para la banda más importante del tercer día de SOMA.
Liderados por Joseph Mount y con los golpes esenciales de Anna Prior en la batería dando lo mejor de sí misma, Metronomy dio en Metropol una demostración de cómo a lo largo de su trayectoria han renovado la identidad de la new wave, manteniendo su idea de ser atractiva, inmediata y chiclosa, pero a la vez incorporando influencias muy variadas del rock, la electrónica, el folk y un sentido de la melodía que le debe tanto a Nueva Orleans como a la música tradicional francesa.
Principalmente iba en plan de sorprenderme, pues si bien conocía lo que habían hecho en The English Riviera y Love Letters, del resto no sabía mucho (por no decir que no sabía nada) de su carrera previa, que viene desde 2006.
Fue un show vibrante, con una escenografía ambiciosa a pesar de su sencillez, recordando siempre la portada del álbum que andan promocionando por estas fechas, Love Letters. Seguros de sí mismos, sencillos a la hora de dirigirse al público, energéticos y conmovedores siempre que lo requiriera la situación, y con un repertorio que repasó los cuatro trabajos que llevan lanzados hasta la fecha.
Repertorio donde temas de su más reciente álbum como los sencillos “The Upsetter”, “Reservoir”, “I’m Aquarius”, “Love Letters”, así como clásicos de la talla de “The Look”, “Radio Ladio” o la monumental “The Bay”, con la cual cerraron la primera parte de su presentación, dieron buena cuenta de la astucia que tiene Mount para componer canciones sencillas partiendo de estructuras no tan comunes para el músico promedio. Prueba de ello, la grandísima versión que hicieron de “Never Wanted” del Love Letters. Conmovedora y atrevida a partes iguales.
Sin embargo, su verdadero fuerte se vio en los temas instrumentales, concretamente en “Boy Racers” y la energética “You Could Easily Have Me” que concluyó su presentación dando pruebas de lo desarrollado que se encuentra su acople a estas alturas. El sonido estuvo impecable durante toda la presentación, lo que parece dejar claro que no son de los que sufren delirio de grandeza alimentada por pedales, como ocurrió con Tame Impala.
Esa noche SOMA acabó de manera un poco abrupta, puesto que mis amigos debieron irse por cuestiones que no viene al caso mencionar antes de que Metronomy hiciera el bis. Mientras regresaba a mi casa y en mis audífonos sonaban las últimas notas del teclado de “The Look”, estuve pensando nuevamente en ese momento simultaneo Metronomy/Deep Purple en Bogotá. Me imaginaba como seria si “The Look” y “Hush” hubiesen sonado a la vez en dos lugares distintos, así como miraba en retrospectiva todo lo que habría sido capaz de hacer hace 5 años si venia Purple. No volví a saber de mi hasta 12 horas después.
Mañana la tercera y última parte de la crónica.
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