SOMA 2014 (Dia 4): La French Connection

Si se trataba de estremecer con las guitarras y hacernos bailar con los sintetizadores, o al revés, eran los apropiados.



Cuando a mitad de año se anuncio el cartel de SOMA, ademas de las agradables sorpresas de Tame Impala y Metronomy, me llamó la atención que para el sábado incluyeron a una banda que si llevaba dos semanas de haber conocido era mucho. Por una coincidencia bien extraña me topé un día con su canción mas conocida, que apareció en la película Rock N’ Rolla. En ese momento solo pensaba “ese riff es impresionante”, pero no se me había ocurrido profundizar en su trayectoria. 

Eso cambió cuando su nombre apareció entre los artistas incluidos en la edición de este año. La canción era “I’m A Man”. La banda, Black Strobe. Aunque me parecía excelente su venida, pensaba también que por costos me seria imposible verlos. Después de todo, ya había invertido una buena parte de mis ahorros en Arctic Monkeys, y la otra parte la tenia pensada gastar en Estereo Picnic. Luego apareció la oportunidad ya mencionada de la acreditación y las cosas dieron un giro de 180 grados.
El sábado, último día del Festival SOMA, todo estaba dado para que la llamada “French Connection” diera una demostración de su habilidad, así como de su reputación en el panorama electrónico europeo. Porque hay que decirlo, no era solo Black Strobe. Con ellos llegaba Nasser, una banda de la que poco y nada sabia, pero que de las pocas cosas que había escuchado, prometía. Con relación a los DJs, PANTEROS666 y The Hacker llegaban representando una escuela un poco más agresiva de la que suele representar Francia a nivel de electrónica. A esos cuatro se les promociono a lo largo del año como la “French Connection”, supongo que como guiño al nombre de la organización que introdujo heroína en los Estados Unidos durante los años sesenta y setenta.
Sin embargo, las dos bandas que destacaron esa noche en el Teatro Metropol por encima del resto fueron Nasser y Black Strobe. Desde perspectivas bien diferentes, ambos dejaron claro que si se trataba de estremecer con las guitarras y hacernos bailar con los sintetizadores, o al revés, eran los apropiados.
Nasser dejó boquiabierta a toda la audiencia. Su desempeño en vivo y el despliegue de energía del que hicieron gala fue admirable. Ya fuera que las guitarras o los sintetizadores llevaran el mando, no dieron un solo instante de tregua a los saltos y gritos de todo el lugar. Había momentos donde la guitarra llevaba el mando cual banda de rock convencional, o bien los sintetizadores ponían a rodar la fiesta. Destacable también que los tres se repartían el rol de ser los frontmen.
Yo los veía sorprendido junto a la gente de Revista Sono y solo atinaba a pensar “así debe ser la banda de rock del siglo XXI”. Me sentía reafirmado en muchas de mis convicciones con relación a lo que debe hacer el genero para volver a recuperar el riesgo creativo y comercial que perdió durante los últimos años con el fenómeno de la EDM. Prueba de ello, la potencia andante de “The Baddest Man In The World”, “Marseille And Anywhere” y “The World Is Ours”.
Por eso pienso que la sorpresa de SOMA este año fue Nasser. Si, Tame Impala nos voló la cabeza y Metronomy fue todo elegancia, pero es que esos tres franceses me hicieron ver el futuro, hoy. Con decirles que es lo mas cercano que haya escuchado a Kasabian alguna vez. Las guitarras alternando con la electronica, aunque en vez de tirar a la psicodelia o incluir ganchos del britpop o el hip hop, prefieren ceder ante impulsos mas primales y básicos.
Eso sin mencionar que la actitud de los tres era bastante inusual. Cuando estaban por concluir su presentación, el baterista bajo a donde estaba la audiencia y luego de saludarse con varios, comenzó a darles sorbos de su cerveza. Sin duda, un show inolvidable.
Llegaba el turno de Black Strobe y yo pensaba “¿Como van a superar eso?”. Se antojaba imposible, porque mientras Nasser lleva relativamente poco tiempo haciendo ruido (si bien ya llevan tres discos lanzados a la fecha), los liderados por el vocalista Arnaud Rebotini ya llevan poco menos de 20 años haciendo ruido. Digamos que llegados a ese punto se planteó una lucha entre juventud y veterania. O eso se notaba en la cara de Arnaud, a quien pude ver entre el publico alternando entre el shock y alguna sonrisa al que le pedía una foto.
Unos minutos mas tarde, Black Strobe salieron a escena e hicieron lo que saben hacer con la experiencia y la suciedad que los caracteriza: marcar una línea borrosa entre la electrónica y el rock. Se mostraron sobrios, con una frialdad que cautivaba y con un acople entre sus músicos digno de admiración. Fue una experiencia comparable al supuesto de cómo sería si Nick Cave cantara en Depeche Mode, o si David Gahan hubiera creado The Bad Seeds.
Es verdad que por momentos el show se hizo monótono, en parte porque la actitud de Arnaud se hacia excesiva en algunos tramos, en parte porque el sonido no ofrecía demasiadas variantes cuando pasaban del formato sintético al de la típica banda de rock. Pero eso no impidió que arrancaran fuerte con “Boogie In Zero Gravity” o que el público se gozara la noche, especialmente en el tramo final, cuando interpretaron su clásica “I’m A Man” y una versión al clásico de ZZ Top, “La Grange”.
Cuando terminó su presentación, los de Revista Sono decidieron irse, ya cansados por est
ar tantos días cubriendo el Festival. Yo decidi quedarme a los setss de PANTEROS666 y The Hacker, principalmente por dos razones. Una, quería ver si finalmente podía lidiar bien con un DJ Set, y la otra, necesitaba estar solo y pensar un poco en la semana tan loca e inesperada que había tenido. 
No tengo que decir mucho sobre los sets. Ambos hicieron de la agresividad en los bajos su arma de combate, variando siempre entre elementos del house, el breakbeat, y algún guiño a la EDM. Ya el ambiente andaba mas relajado, mas despreocupado. No existía la expectativa rondando en el aire de los días anteriores. Fue un cierre con broche de oro para un SOMA que supo sorprender y emocionar a sus asistentes en sus cuatro días de duración. Cuatro días donde la música y sus creadores nos supieron dar siempre la visión particular que tiene cada uno de esta durante sus presentaciones en vivo.
Creo que el otro año pediré a Noel Gallagher, a ver qué sale.

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