Estéreo Picnic 2015, la historia. Parte III: ¿Materia o energía?

Cuando piden una banda con tanta insistencia, lo mínimo que uno espera es que sepan lo que están pidiendo.

La decepción por lo ocurrido en el primer día cedió paso a la expectativa del segundo. Claramente eso tenia mucho que ver con Kasabian, pero no es que fuera la única razón. Kings Of Leon, Alt-J, Rudimental, Superlitio, Damian Marley, Major Lazer, Chet Faker, Aterciopelados o Danicattack eran también un buen motivo para invitar al optimismo.

Demoré un poco mi llegada para recoger en el aeropuerto a una amiga de Cali que iba a ir solo este segundo día y se iba a quedar en mi casa. A pesar de que la impaciencia era gigantesca, llegamos a eso de la 1 de la tarde a la fila de ingreso. Por fortuna un amigo de nosotros (el creador de Kasabian Colombia) estaba haciendo fila desde más temprano, lo que nos permitió colarnos sin problemas. Durante la espera para que abrieran las puertas hubo tiempo para hablar de los grandes shows de Foster The People y Jack White, así como de repartir masmelos al publico antes de entrar al Festival.
Y hablando de eso, cabe destacar que el ingreso para el segundo día estuvo mucho mejor. Parecía que la lección-inducción había sido comprendida por la logística, pues ahora si agilizaban el ingreso, revisaban apropiadamente la legalidad de las manillas y las boletas, y claro, hacían la distinción entre los que iban solo por un día y los que iban con combo. De inmediato nos fuimos al Escenario Caracol a plantar la bandera de Kasabian Colombia y a esperar a Danicattack. Sin embargo, decidí salir unos minutos para cumplir con un encargo que me habían pedido: ver a DMK.
Es un proyecto que siempre me llamó la atención por la capacidad tan increible de reconvertir las canciones de Depeche Mode a esa modalidad más inocente. Cosa que paradojicamente los hace parecer más oscuros, pues esa inocencia choca de frente con las líricas de los británicos. Para la muestra, su versión de “Black Celebration”.
Solo estuve en dos canciones, pero por fortuna fui testigo de un momento bastante bonito. Resulta que el niño, Korben, tuvo un accidente unos días antes del show que le provocó fractura de su brazo derecho. Estuvo tocando con férula en el brazo derecho y usando solo el izquierdo. Un momento muy rockstar si me lo preguntan. Cuando Dicken, su padre, le dice que de esa tarima no los iban a bajar por nada, oímos de la voz de Korben la regla de oro del espectáculo:
“The Show Must Go On”.
Eso fue suficiente para mi. Muy buena actitud para tocar en un escenario que por lo general fue un cementerio de propuestas. Estuve viendo esos momentos con mi acompañante del día jueves, tras lo cual decidimos regresar al Escenario Caracol y ver a una promesa del rock colombiano brotar frente a nosotros.

Lo apuntábamos en nuestro listado de bandas latinas para ver en este mes de conciertos y cuando los recomendamos el año pasado como una de las bandas distritales para ver en Rock Al Parque: la forma en que se entrecruza el rock y electrónica en las canciones de Danicattack no es algo que haga nadie en el ámbito local. Sostenidos por la vibrante voz de Daniel Lopez y las buenas guitarras de Santiago Uribe, fueron una sorpresa agradable para quienes no los conocían, y la confirmación de una trayectoria firme y prometedora para quienes ya les veníamos siguiendo la pista en meses anteriores.
No me sorprendería que de seguir a ese ritmo, en cinco años sean un referente del panorama nacional.
Tenia ganas de ver a Superlitio, así que decidí dejar mi puesto en la parte delantera por un rato con el jefe de Kasabian Colombia para ir al Escenario Tigo y ver de que eran capaces ahora que se encontraban en un estado de gracia mucho mayor que el de costumbre.
Sin embargo, había retraso en los horarios de ese escenario (la constante durante los tres días) y cuando llegamos, Milmarias hasta ahora estaba terminando su presentación. De lo poco que vi de ellos me gustó esa vibra que parecía mezclar a Pastor Lopez con los primeros Foals. Animaron bastante el ambiente con su impronta tropical pero todavía conservando las maneras indie.

Al show de Milmarias le siguió una espera donde con mi compañero gritábamos para desahogar la euforia cada vez que aparecía la imagen de Kasabian en las pantallas, a la par que nuestra inquietud por la hora y el riesgo de perder nuestros puestos en primera fila se hiciera una realidad. De todos modos nuestra curiosidad por saber como nos iban a representar en Vive Latino era grande.

Nada que hacer. Superlitio es por hoy un coloso del rock colombiano con vida propia. Lo dejó clarisimo durante su hora de presentación, tocando sus clásicos, así como lo mejor de su álbum mas reciente, Nocturna, y siempre arengando a su publico para que aprobara su proclama de apoyar la música hecha en Colombia. Por mucho que no vaya con eso de apoyar la música solo por ser hecha en un país o en otro, tanta aprobación del publico no deja de sorprender.
Aunque solo pudimos estar la mitad de su presentación, el arranque con “Puro Goce” y cuando hicieron “Yo Necesito” y “Viernes Otra Vez” dejaron claro cuanto ha madurado su acople en los últimos tiempos, y la razón de por qué sigu
en siendo el nombre a seguir en el rock colombiano.

Una señal de lo que se venia: por unos instantes, el fondo del escenario se puso de color fucsia, como en los shows de Kasabian.

Regresamos al Escenario Caracol y nos encontramos con que todavía no había empezado Puerto Candelaria. De hecho cuando llegamos todavía estaba en el escenario Herencia De Timbiqui. Aunque nos molestó un poco porque significaba que nos podríamos haber quedado en Superlitio (así como en Alt-J) decidimos no seguir jugando con la suerte y no volver a movernos de ahi hasta Kings Of Leon.

Por un lado, Herencia De Timbiqui retumbaba con la fuerza de una papayera y el carisma que suele tener el negro colombiano. Siempre entregados al publico y con unos músicos excepcionales, conquistaron el Escenario Caracol sin problema. De hecho por su disposición en escena me recordaban un poco a los Talking Heads en el Stop Making Sense, pero a la colombiana. No pudieron hacerlo mal si permiten sacar comparaciones de ese tipo.

Por el otro lado, Puerto Candelaria. Obviando el hecho de que nunca he podido llevarme bien con la fusión colombiana, esa banda en concreto me supo sorprender. No usan guitarras, pero entre los grupos de ese estilo, es el más crudo que haya visto en vivo. Dos vientos, un bajo, una batería y un teclado resultan suficientes para propulsar un estilo dinámico, divertido de ver, atrevido y que siempre será inevitable que te saque una sonrisa o te deje con la boca abierta. Eso toca reconocerlo así no sea el estilo de música preferido de quien escribe estas lineas.
Por cierto, ¿Mencioné que la pantalla se volvió a poner fucsia en Puerto Candelaria?
Antes de pasar al show de Rudimental, es importante destacar a Alt-J. No pude verlos desafortunadamente, pero tenia muchas ganas de hacerlo porque quería saber si podía haber algo que cambiara mi impresión de ser (ojo con la retahíla) una banda demasiado rara que solo escucha gente que aparenta ser rara, para parecer más rara.
Cuando acabó el segundo día, uno de mis acompañantes me contó que si pudo verlos, y mientras me mostraba algunas de las fotos que tomó con la banda tocando y una escenografía monocromática e intima atrás (algo muy poderoso si me lo preguntan), me insistió en que “Taro” sonaba magistral en vivo. Pues bien, creo que este vídeo resultó un argumento suficientemente valido para reformular aunque sea un poco mi posición sobre esa banda. Luego encontré varios comentarios que acusaban de insoportable su puesta en escena y su música, pero la cosa es que creo que pude haber disfrutado mucho de su concierto.
Pero bueno, no estuve ahí. Si estuve en cambio para la presentación de Rudimental, que prometía mucho en la previa por toda la atención que La X venia ejerciendo sobre ellos. Aunque fue una lastima no ver a la banda completa, supieron lucirse con un set cargado de drum and bass, algunos momentos mas soul y uno que otro cover. En este ultimo apartado se destacaron el de “September” de Earth Wind & Fire, y el del clásico jungle de M-Beat y General Levy“Incredible”. Como de costumbre, “Feel The Love” fue coreada por todo el lugar.

Desafortunadamente y a pesar de que disfruté bastante con el show de los británicos, me parece que les restó mucha fuerza el no tener la banda en vivo para la ocasión. De no haber sido así, tal vez habrían podido ganar la competencia simultanea que tenían con Damian Marley y Chet Faker en los otros dos escenarios.

Ya desahogué mis emociones más fuertes alrededor de esa presentación hace unos días, así que creo que ya se puede hablar de Kasabian con algo más de profesionalismo. Y en ese sentido, sorprende como con unos pocos arreglos nuevos pueden conseguir un impacto tan gigantesco en su publico (ejemplo, dejar suspendida y en silencio “Bumblebeee” por unos segundos para hacerla estallar en la ultima parte, al mejor estilo de una rave). El derroche de confianza (y energía) de los Meighan, Pizzorno, Edwards y Matthews no es poca cosa en un evento donde al parecer la humildad del artista hacia su gente es predominante en la gran mayoría de presentaciones.

En cierta forma la banda de Leicester se tomó ese concierto como si el publico los quisiera calibrar (lo cual podría no estar tan alejado de la realidad). Entre eso y la altura que en algún punto llegó a afectar a Meighan, se superaron y dieron una presentación que no solo dejó satisfecha la espera de mucha gente, sino que dejó descolocados a quienes no los tenían referenciados. Diría que el show se lee como una unidad y por eso no hay momentos destacados, pero es inevitable destacar como todo el Escenario Caracol saltaba casi a la vez cuando sonaban “Eez-Eh”, “Club Foot” y “Vlad The Impaler”.
Nos movimos de allí todavía en shock por Kasabian hacia el Escenario Tigo para ver la banda que si tenían referenciados todos: Kings Of Leon.

Debo ser honesto y decir que por el estado emocional en el que me encontraba (si, ya veo venir comentarios del tono de “severa flor”) no puse demasiada atención a los Followill. Pero por lo que pude escuchar, me pareció interesante su manejo de guitarras, que a lo largo de la presentación supo ir mas allá de su estilo sureño. Si los conociera mejor y les hubiera podido prestar atención, mi veredicto sería más claro, pero así fueron las cosas. Lo cual nos lleva al punto espinoso de esta tercera parte: las criticas.

Se habló de que a pesar de sonar muy bien, Caleb no se comunicaba demasiado con el publico y que dieron un show bastante plano y aburrido a raíz de su falta de expresividad o cosas por el estilo. Un amigo me comentaba hace unos días que la gente que decía eso nunca había visto un vídeo de un concierto de Kings Of Leon, pues esa era su forma de ser. Le doy la derecha en eso. Cuando piden una banda con tanta insistencia, lo mínimo que uno espera es que sepan lo que están pidiendo. Digo, uno espera que los madrazos que sueltan algunos “borregos sin sangre” en redes tengan fundamento. ¿O no?
No obstante, eso no quita que el vocalista pudo haber sido menos vago a la hora de dirigirse a su audiencia.
El asunto no me preocuparía demasiado si no fuera porque con el paso de las horas se hizo, por así decirlo, personal. Cuando aparecieron las comparaciones de Kings Of Leon con Kasabian (llegando incluso al extremo de decir que los segundos deberían estar en el escenario principal) se me hizo inevitable formular ciertas preguntas. Por ejemplo, si la gente busca algo más “movido”, ¿Por qué a tanta gente le parecía que Kings Of Leon representa eso? ¡Mucho más si iban por, máximo, cuatro canciones! Y son cuatro canciones que no son tan “movidas”. Dejo al criterio de cada quien cuáles son esas cuatro. 
Y más interesante aun: si buscan algo “movido” ¿Qué los frena de buscar a bandas como Kasabian? Porque esa es la otra: muchos llegábamos a ese concierto bastante agotados por saltar al ritmo de los ingleses y con el paradigma de lo que hace un “buen concierto” completamente alterado.
Si me lo preguntan, los norteamericanos son mucho más melódicos y orientados a impactar más desde lo emocional que los británicos, quienes por lo general prefieren hacer un show desaforado. Y sí, me hubiera gustado escuchar “Red Morning Light”. Pero tampoco he seguido con tanto juicio su carrera como para acusarlos de ser “aburridos” en escena esa noche. Mucho menos si en lo musical podrían no ser tan aburridos como dicen.

Ahora, que si usted se la pasó pidiendo “Sex On Fire” toda la noche como si fuera el “ultimate fan” y no le importaba o no le ponía cuidado al resto del catalogo por estar sosteniendo el palo para selfies y seguir aparentando en redes que vió una banda muy “cool”, entonces el problema ya no es la banda.
Para T310 y Absent Papa queda una pregunta todavía más interesante: ¿Cuál debe ser la prioridad para establecer headliners en los próximos años? ¿Artistas con popularidad y rotación notables en radio? ¿O artistas que la “rompan” en escena sin importar el aspecto de popularidad? ¿Que llenen el escenario o que lo hagan moverse de lado a lado? ¿Materia o energía? El debate está servido.
El cansancio le ganó a todo nuestro grupo, así que no pudimos ver a Diplo con Major Lazer invitando a Damian Marley para que cantara unos segundos de “Welcome To Jamrock”. Si pudimos sentir en cambio como temblaba el piso (de nuevo) con la locura del Escenario Caracol en esos momentos. Pero en general nos íbamos satisfechos. Fue un día radicalmente distinto al primero. Logística impecable, una buena disposición de las bandas en los distintos escenarios, una mayor posibilidad de cambiar de escenarios constantemente, y un publico que todavía con sus vicios se sentía mas tolerable.

Quedaba un día, seguía en mi particular laguna fucsia y negra, y solo pensaba en tres cosas: ¿Cuando podría superar la emoción de ver a Kasabian en vivo? ¿Como iba a sacar fuerzas para resistir esas ultimas 24 horas? Y muy especialmente, ¿Que iba a hacer Andres Calamaro con todo el publico en contra al día siguiente? 

Mañana la tercera parte.

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