Deudas saldadas: Interpol y El Mató A Un Policía Motorizado en Bogotá

Pude reencontrarme con el ingenuo que creía que iba ser el único en cantar canciones de ellos hace cuatro años.


Lo de anoche fue uno de los momentos más esperados por la escena colombiana. Un evento donde podríamos ver a los norteamericanos de Interpol y a los argentinos de El Mató A Un Policía Motorizado en Bogotá, compartiendo escenario, y probando su nombre ante miles de espectadores en el Teatro Royal Center.

Por un lado los encabezados por Paul Banks llegaban con un nuevo álbum, El Pintor, el primero que lanzan sin su ex miembro Carlos Dengler, y considerado un regreso a la buena forma. Por el otro, los argentinos vienen escalando poco a poco en popularidad y aceptación a nivel continental gracias a que simplemente son un paradigma totalmente nuevo en el rock gaucho. Por más que pueda beber a ratos de El Otro Yo, lo de la agrupación platense tiene un sentido propio, que de a pocos va inspirando el despegue o la aparición de grupos similares por todo el continente.
Un evento inmejorable, sin duda. Que lastima que coincidiera con un momento tan extraño para mi, pues llegué a considerar la posibilidad de vender mi boleta debido a los síntomas de cansancio que venia desarrollando luego del Estereo Picnic de hace unas semanas. Decidí resistir un poco y asistir por dos motivos: uno, había una deuda importante con Interpol desde hace cuatro años que debía saldarse. Dos, que todavía tenia que reclamar El Pintor en la taquilla.
Esa deuda provenía de una increíble presentación que dieron en el Festival SOMA de 2011. Esa noche era como un choque entre lo que se entendía por esos días como rock en Colombia, y lo que se iba a entender como rock en Colombia desde esa noche. Esto porque al mismo tiempo que cantábamos “Take You On A Cruise” a grito herido, Aerosmith tocaba en el Parque Simón Bolivar con el apoyo incondicional de los medios de comunicación del momento.
A eso se le suma que fue el primer concierto al que asistí porque la banda realmente me gustaba. Franz Ferdinand, Green Day y Red Hot Chili Peppers no me molestaban, pero no era tan fanático de esas bandas. Esas veces iba más por recomendación o porque eran bandas que marcaron mi niñez. Con Interpol era distinto, pues simplemente me lograron hipnotizar con ese post punk denso y pegadizo. Cuando Paul Banks dijo que algún día iban a volver a Colombia, juré con mi vida que iría a verlos de nuevo.
Pensaba en todo eso mientras estaba en la fila con algunos conocidos que también los habían visto hace 4 años. Hablábamos tonterías principalmente, llegando al punto en que debatíamos entre cual banda era más insoportable: ¿Creed o Nickelback? A toda persona que se uniera al combo le hacíamos la misma pregunta.
No hablamos mucho de expectativas alrededor del evento. Creo que cada uno tenia interiorizado lo que quería para esa noche. Pero si nos preocupaba ver que en los días anteriores mucha gente quería vender su boleta. Teníamos dudas sobre si el aforo seria suficiente para recibir a Banks y compañía como se debía.
Ingresamos al Royal Center pasadas las siete de la noche. Reclamé mi disco y me uní a mi grupo, pero no dije una sola palabra más. Necesitaba ponerme en situación, eliminar cualquier cosa que tuviera que ver con “borregos sin sangre” o “possers” de mi cabeza y disfrutar de esa noche como nunca, para cerrar esa etapa como lo merecía. 
Para hacerlo decidí concentrarme en escuchar la “música de espera” en forma de canciones post punk, que incluyeron “Dissorder” y “Love Will Tear Us Apart” de Joy Division, “Silhouettes” de Viet Cong, y una que me sorprendió por su crudeza y oscuridad pero que a la vez se me hacia conocida. Puse mi Shazam para saber su nombre, cuando una chica que estaba al lado me dice que se llamaba “Five Seconds” y era de Twin Shadow. Casi al tiempo apareció el nombre en Shazam. Le mostré mi pantalla y le di las gracias por ser más rápida que mi celular.

Pocos minutos después sube al escenario El Mató A Un Policía Motorizado. Una revancha personal por no haberlos visto en Estereo Picnic se me daba ahora con unos teloneros solo de nombre, pues una buena parte del publico les pedía canciones de ellos y saltaba como si se saltara del artista principal.
Respondieron bien a la exigencia con un set equilibrado, entre energético y volado, con un Niño Elefante inspirado en la guitarra, sosteniendo el sonido de la banda en igualdad de condiciones con Santiago Motorizado en el bajo. “El Magnetismo”, “Mujeres Bellas Y Fuertes”, Más O Menos Bien”, “La Chica De Oro” y el final con “Chica Rutera” fueron los puntos más altos de su presentación.
Volvía la espera y la impaciencia al ambiente, a la par que se daban los primeros conflictos entre el publico por el espacio reducido, alguno que otro madrazo y sobre todo, muchas ganas de que el show iniciara. Finalmente las luces se apagan, la gritería de las que recién cumplían los 18 se apoderan del momento y las sombras de Brandon Curtis, Brad Truax, Sam Fogarino, Daniel Kessler y Paul Banks son distinguidas por nosotros con el respectivo rugido de aprobación. Solo tenían que tocar un riff mas o menos conocido para encender la mecha y hacer que el Royal Center estallara.
“Say Hello To The Angels” desata la locura en el lugar. En ese punto parece que algo se quebró en muchos de los asistentes que no los habían visto la primera vez. Y en los que si lo hicimos, fue como volver a estar en esa bodega que podía caerse en cualquier momento, pues los saltos de todo el lugar y el temblor que esto provocaba ya marcaban la pauta de lo que pasaría durante la siguiente hora y media.
De inmediato siguen con dos de El Pintor al hilo: “Anywhere” y “My Blue Supreme” donde se evidencia que Brad Truax se mueve sin problemas en el bajo, con mucha más seguridad que la primera vez. Luego van a soltar bastante rápido “Evil”. Imaginen la confianza que debían tener los músicos en su repertorio si la soltaban tan pronto, pero es
o no impidió que fuéramos una sola voz coreando “la canción del títere”.
El grueso de la presentación consistió en repasar su material más lento (o al menos uno no tan apto para saltar), cosa que sorprende si se toma en cuenta que El Pintor es principalmente energético. Prueba de lo anterior que se atrevieron con una bonita “Leif Erikson” donde Daniel Kessler comienza realmente a transformarse y dominar el escenario por encima del resto con su presencia en el escenario y una guitarra inspiradisima. Luego una “My Desire” bastante coreada que sin embargo parecía palidecer si se le comparaba con el momento tan potente que fue “Rest My Chemistry”.

La cosa con esa canción es que a la par que es contundente en las guitarras, favorece el ser cantada como si se tratara de un canto gregoriano. Por eso y por la euforia concreta de esa noche, fue como un sacrilegio aprobado por Dios. Todos parecíamos delirar ante la delicadeza en los punteos de Kessler, que ya tomaba los hilos de la situación y demostraba quien es el verdadero responsable de que Interpol sea lo que es: una institución del rock del nuevo milenio.
Porque siendo sinceros, anoche Interpol dejó claro a quien no lo supiera que pudieron superar perfectamente la partida de Carlos Dengler. Cuando vinieron la primera vez todavía se sentía cierta dificultad para lidiar con su ausencia. Ayer lo que vimos fue una banda confiada en sus capacidades y en la energía que transmitía su publico.
Siguen con “Everything Is Wrong”, que si bien fue una de las que menos me gustó de El Pintor, fue bien recibida por todos, como el sencillo que es. Ese trago incomodo me lo pude pasar sin problema cuando sonó la linea de bajo que introduce a “The New”.

Por lo conmovedor del inicio y ese caos tan irresistible de la segunda parte, fue sin duda el mejor momento de la noche. Ver a todo el mundo cantándola y luego moverse de manera tan endiablada es algo increíble. Lo que unas canciones atrás parecía digno de una catedral en ese momento parecía un ritual pagano. Kessler se consagró en ese punto para todos nosotros, estoy totalmente seguro.
Mantienen esa tónica intima con “NYC”, para acelerarla un poco en “Breaker 1”, sin duda mi canción favorita de El Pintor y una donde curiosamente es Paul y no Daniel quien marca la pauta en las seis cuerdas. Mis suplicas de ahí en adelante para que tocaran “Not Even Jail” no serian escuchadas. Pero en cambio si fueron escuchadas las de aquellos que pidieron “Pioneer To The Falls”, otro de los grandes momentos de la noche.
Para cerrar el primer acto deciden dejarse de contemplaciones y soltar artillería pesada en forma de “NARC” y “Slow Hands”. No vi venir el hecho de que precisamente esas fueran las dos elecciones para cerrar la primera parte, así como no vi venir los empujones y saltos de todo el mundo mientras sonaban y Kessler se movía con una elegancia que no por eso dejaba de tener algo de maniática, al ritmo de lo que tocaba en su guitarra.

Concluye la primera parte del show y el publico sigue pidiendo más. No es suficiente, es un hecho que todos querían saltar un poco más. Por eso el primer regreso de la banda al escenario va con “All The Rage Back Home” a bordo y algunos ases bajo la manga.

Primero, una bonita sorpresa en forma de “Lights”. No esperaba en lo absoluto que la fueran a tocar, pero como la primera vez, esa intensidad subía progresivamente mientras el grito de “That’s why I hould you” poco a poco se apoderaba de los asistentes del Royal Center. Tal vez la única diferencia es que esta vez la guitarra de Kessler tenia más peso en la canción, dando una sensación todavía más fuerte en los espectadores de que esa era su noche. 

Para cerrar ese primer encore eligen a “Stella Was A Diver And She Was Always Down”, una de las mas pedidas de la noche, que con sus cambios de ritmo constantes era como si nos tuvieran en sus manos. Podríamos haberlos seguido hasta la muerte de ser necesario.

Vuelven a abandonar el escenario unos minutos mientras el publico pide al menos una más. Muchos piden “Specialist”, yo insistía en vano con “Not Even Jail”. Vuelven a salir para una ultima canción. Una que por fortuna dejó satisfechos a todos: “Untitled”.
Pasó como un suspiro. Inició de un momento a otro y terminó sin que pudiéramos siquiera asimilar la belleza de lo que estábamos escuchando. Con esa concluye el segundo show de Interpol en Colombia, donde Kessler se viste de héroe de la noche y, al menos en lo personal, es la culminación de 5 años yendo a conciertos con regularidad, “untandome de pueblo” y viendo algunas de las mejores agrupaciones del mundo frente a mis ojos.
Me sentí satisfecho por terminar esa etapa de esa forma. Por todo lo alto, sin rencores, sin deudas pendientes. Seguramente volveré a ir a conciertos en el futuro, pero ya no serán lo mismo que representaron para mi durante todo ese tiempo, mucho más cuando veía tantas personas asistiendo esa noche al primer concierto de sus vidas. Lo veo como una señal para dar unos pasos mas hacia atrás y dejar que sean otros quienes se unten de pueblo.

Y seguramente Interpol no va a volver a representar lo mismo para mi después de anoche. Me hicieron darme cuenta (o me recordaron) que lo mio siempre se ha tratado de la música. El hecho de que yo pueda lidiar con un publico o no es totalmente diferente. Entre ese post punk vibrante, melancólico y desafiante pude reencontrarme por unos instantes con el ingenuo que creía que iba ser el único en cantar canciones de ellos en el SOMA hace cuatro años. Eso no se deja de agradecer.

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