Los 10 mejores álbumes colombianos del 2015

Nos decidimos a coger el toro por los cuernos.

Llega la hora de la verdad. El momento de ir revelando lo mejor de lo mejor del año que en menos de una semana irá a parar al rincón del recuerdo para siempre. Tres listas serán las encargadas de rematar el 2015 en THIS IS MUSIC como es debido. Y para empezar, la más suicida de las mismas: una donde ordenamos en un ranking los 10 trabajos más importantes a nivel de Colombia.

Seguramente recordarán que el año pasado hicimos un ejercicio similar, pero la diferencia con la lista del 2014 es que esa no estaba rankeada debido a que todavía no andaba tan inmerso en el trabajo de las bandas nacionales como lo estuve en este. Habría sido irresponsable hacer un top de música que ni siquiera había escuchado con rigor, mucho menos por gusto. Por eso se limitó a un reconocimiento a 10 trabajos que llamaron mi atención. En cambio, este 2015 nos decidimos a coger el toro por los cuernos, arriesgarnos, untarnos de barro y defender con cuchillo de plástico este top.

De una vez digo, no esperen a Bomba Estereo. No tiene nada que ver como leí en otra publicación hace unos días que justificaba ese #1 absoluto con “ser más culto” musicalmente o no, sino con que a pesar de tener algunas buenas canciones, Amanecer suena más a Major Lazer que a la banda liderada por Liliana Saumet. Lamento no poder ver eso que hasta Pitchfork parece reconocerles, por cierto.


Otros que no quedaron en la lista pero igual es justo que se mencionen son unos muy subestimados Afónica, así como Schutmaat Trio, Sagan y Purple Zippers, que aun lanzando trabajos notables, solo por muy poco quedaron por detrás del lote final.

Anotación: Viéndolo bien creo que no existe nadie “culto musicalmente”. No desde que apareció la cultura pop, al menos…

Se queda por fuera: 


OKRAA – Vultur

Como un termino medio entre las “menciones especiales” y el lote final de diez discos se ubica Vultur,  el segundo EP de OKRAA, proyecto del ex-Globos De Aire Juan Carlos Torres. Fue algo sumamente sobrecogedor de escuchar tomando en cuenta el punto culminante que alcanzó la electrónica colombiana en sus planes de hacerse con un espacio más significativo a lo largo del 2015. No es difícil encontrar paralelismos con Jamie XX o los Chemical Brothers de Further. Muchas atmósferas sostenidas en beats muy sofisticados y una facilidad insultante para ser la banda sonora de la noche bogotana que, sin embargo, solo por muy poco no pudo acceder a los 10 mejores. Principalmente se debe al hecho de que hubo lanzamientos electrónicos más definitivos en estos doce meses.

10. Danicattack – Volar Lejos, Volar Lento
No exagero con esto: Danicattack es lo más cercano a Soda Stereo que haya escuchado alguna vez saliendo de Colombia. No porque suenen igual a los argentinos en Volar Lejos, Volar Lento, sino porque siguiendo patrones occidentales son capaces de encontrar una forma de hacer música muy propia, sin necesidad de sonar como la copia de alguien. Pero más allá de eso, la clave está en que pueden hacer música tan descarnada como pulida. Tienen una forma particular de contar historias de amor a partir de la música, aprovechando ritmos básicos en el bajo y la batería al máximo para permitirle a la voz de Daniel López y las guitarras precisas de Santiago Uribe expresarse apasionadamente, sin tapujos y sin deberle nada a nadie. No cabe duda de que los años van a ser muy amables con este trabajo a la hora de recordarlo como un buen ejemplo de la fase que vivimos hoy por hoy en el rock colombiano.



9. Diamante Eléctrico – B

Grammys aparte, no me pareció un trabajo tan brillante el segundo de Diamante Eléctrico. No lo llamaría un paso en falso, pero tampoco es todo lo bueno que se esperaba. Falla por momentos ante la presión de un sucesor digno de su debut. Tiene una primera mitad fabulosa, arrolladora, y una segunda que salvo la última canción “Dejavudú” sucumbe ante las expectativas. Les habría ido mejor lanzando el EP, tal y como lo planeaban desde un principio. Entonces, ¿Por qué aparece en el listado? Bueno, con toda seguridad no es por el Grammy. Lo que ocurre es que a pesar de su irregularidad, ‘B’ ayuda a definir algunas cosas nuevas en el estilo del trío bogotano que les han permitido hacerse de un estilo más definido. Es verdad que por momentos Juan Galeano exagera a la hora de entonar como vocalista, pero a estas alturas toca aceptar que eso hace parte de su estilo. Para bien o para mal, se han salido con la suya.


8. Telebit – Doce Vientos

Cuando reseñé el segundo trabajo de los bogotanos decía que era complicado decir a esas alturas si iba a ser el álbum del año debido a la competencia que representaba Bomba Estéreo. Craso error, pues la verdadera competencia provino de un montón de grupos diferentes en los meses siguientes. A diferencia de esa sensación de “medio álbum sobraba” con Diamante Eléctrico, Telebit supo hacer la tarea con Doce Vientos. Hubo dos factores que lo permitieron: una, cuando decidieron hacer fusión no se fueron por el lado tropical con el que se etiqueta normalmente ese tipo de movidas, sino que exploraron más la Sabana, a los muiscas, lo precolombino. La otra, en ese proceso de “colombianización” no se olvidaron de que lo de ellos para bien o para mal son los teclados y las guitarras. Ambas cosas van por delante en el resultado final, más allá de que ahora sigan esa línea de la fusión.


7. Nanook El Último Esquimal – El Pánico No Se Azara

Lo que pasó con El Pánico No Se Azara es que Nanook El Último Esquimal metió las manos con el hielo derritiéndose en sus manos por un enchufe y se electrocutó durante varios minutos hasta que finalmente el corto hizo que se fuera la luz en el lugar. En medio de todo eso, pasaban por sus ojos historias delirantes y coordinaciones agresivas entre guitarra, bajo y batería que muy juiciosamente grabaron una tarde cualquiera en Bogotá pasados de tragos. Si no fue esa la forma en que se concibió el disco, que alguien me diga cómo puede existir algo tan alucinante, tan beatnik y tan cachaco (todo a la vez) como “Lou, Candy y Lisa”.


Resulta insólito pensar que Rock Al Parque los rechazó en alguna convocatoria distrital. De verdad.



6. Inwaves – Phantom Radio

No creí vivir lo suficiente para escuchar algo que saliera de Colombia con credenciales donde el post punk y la creación de atmósferas estuviesen por encima del acostumbrado estilo chatarrero de muchas bandas locales. Por eso la aparición de Inwaves resulta tan importante. Al lado de Mr. Bleat han reafirmado la importancia de Medellin a la hora de mirar hacia adelante en la música colombiana antes que el resto. Pero más allá de eso, Phantom Radio es contagioso, espeso, dinámico, y muy certero a la hora de decidir entre imprimir quinta velocidad como en “Let Them Burn”, dedicarse a contemplar el paisaje en “Human Nature” o moverse entre los dos extremos como en “Slasher”.

5. Mitú – Siempre

Cuando incluí “Obisi” entre las 50 mejores canciones del 2015, decía que si los de Mitú hubieran lanzado material este año estarían seguramente en esta lista. No tengo idea de cómo olvidé que Julian y Franklin habían lanzado este EP. Probablemente por ser eso y no un disco largo evadieron mis sensores. Puede que suene a incorporación de último minuto, pero no es el caso. De manera sorprendente la electro-fusión de la que hicieron gala en Balnear y Potro cedió en favor de un sonido donde la electrónica en si misma domina más las canciones. No sé si de para decir que me gustó más que Balnear, pero se hace evidente que buscaron algo que pudiese ser aceptado por una mayor cantidad de público, sin perder su lado aventurero.

4. Elsa Y Elmar – Rey


La espacialidad marcada por los teclados de la cual hizo gala Elsa Y Elmar durante el Estereo Picnic de este año se vio reafirmada en su debut, Rey. No me gusta pensar las bandas como el equivalente de un extranjero “a la colombiana”, pero pienso que en este álbum nos topamos con un equivalente local a Natasha Khan o Lana Del Rey. Desde lo estético, lo lírico y lo instrumental transmite sensaciones similares a las de esos
grandes referentes actuales, en el sentido de que logra hacer de canciones personales algo más ambicioso a nivel de producción, pero sin perder el carácter íntimo de las letras o la interpretación vocal. Es de aplaudir que las canciones de este tipo de artistas colombianos tengan una producción así de pulida.


3. Electric Mistakes – Gatos

2015 fue, a pesar del despegue definitivo de una carrera internacional para los artistas de fusión un año donde, de ojos para adentro, el rock colombiano volvió a ser protagonista por sus guitarras. Sin embargo, bandas como Electric Mistakes parecen haber aprendido la lección: en medio de esos riffs cabe sumar música que suele contar como tradición en el país. Gatos no suma cumbia o ritmos caribeños, pero tampoco siente asco a la hora de meter ideas de los corridos o la música ranchera en su base garage rock. Un ejercicio muy divertido, arrollador en vivo y sobre todo, coherente con la banda que despierta comparaciones más obvias (The White Stripes). Después de todo, el blues, el country y las rancheras no presentan distancias tan grandes entre sí. Será interesante escuchar su debut largo el próximo año.


2. Tokai – Radio Nefasto


Tokai fue la primera banda nacional que escuché con un interés genuino este año. Ahora mismo ni recuerdo como me topé con ellos, pero en cuanto escuché Radio Nefasto solo pude aplaudir semejante ambición. Para este, su segundo álbum, optaron por jugarse el todo por el todo apelando a la variedad en las formas de abordar la electrónica, así como en la suma de las guitarras. El resultado fue que el dúo amplió el espectro creativo que manejaron en Dark Paradais, dejando una buena colección de canciones donde el house, el dubstep, el big beat, y el drum and bass se cruzan constantemente, sumando también algunos trazos de rock y hip hop. Puro ingenio, precisión milimétrica en los ritmos, y sentimiento a la hora de hacernos bailar. Un gran referente de la electrónica colombiana, y tal vez más allá.



1. Mr Bleat – Los Lobos

Radio Nefasto tuvo asegurado el primer lugar hasta agosto del 2015, cuando apareció Los Lobos, el segundo de Mr Bleat. Más serios, más sobrios, y enfocados en una abstracción que últimamente se volvió moneda corriente en muchas agrupaciones del continente. No es una apuesta muy frecuente para un segundo álbum y a lo mejor no una muy valiente en circunstancias normales. Pero ahí estuvo la gracia del disco, puesto que esa abstracción fue más allá de palabras sueltas. Articuló historias hasta cierto punto místicas, como si buscaran armar una mitología urbana donde la voz de Sara y los sintetizadores actuaban como disparadores en la mente del oyente. 
No es porque fuera synthpop, o más oscuro que Señor Bleat, o por ser más occidental. Es porque jugaron con fuego sin nada que perder, y además de salir ilesos ganaron una credibilidad de la cual pocos grupos pueden jactarse por estos días. Porque trascendieron más que cualquier otro grupo local la idea de entender la música desde una nacionalidad. Por eso es el mejor álbum colombiano del 2015.

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