Reseña: The Joy Formidable – Hitch

Reinventaron un acople que antes se conformaba con dosis de indie rock rasposo y ahora puede desdoblarse a su antojo.

Hay bandas a las cuales no les sigo la carrera por dos motivos: convicción u omisión. En el primer caso hablaríamos de grupos directamente malos. En el segundo, de bandas como The Joy Formidable.
Me explico. Sé que tienen su reconocimiento en el mundo indie y han lanzado algunas canciones con repercusión, pero nunca me picó el bicho de escucharlos. Ni siquiera cuando los confirmaron en Estereo Picnic estuve tan juicioso en la tarea. Como que decidí sacrificarlos en favor de Tame Impala y arrepentirme cuando saliera el álbum. El proceso se dio así, con la diferencia de que me arrepentí antes del lanzamiento de Hitch.
Esa curiosidad tardía me motivó a escuchar como forma de contextualizarme un poco el sencillo bandera del tercero de la agrupación galesa, “The Last Thing On My Mind”. No le puse mucho cuidado entonces pero no recuerdo que me disgustara. En cualquier caso lo que me inclinó a prestar atención a The Joy Formidable fueron los buenos comentarios que escuché de su presentacion en Estereo Picnic (que no vi). Supuse que estarían sustentados de alguna forma con el nuevo álbum, así que me puse a escuchar Hitch.

Arranque frenético con “A Second In White” y “Radio Of Lips” que a pesar de su extensión no pierden ni un poco su energía primitiva. Me llamó la atención que la extensión de las canciones en vez de hacerlos sonar muy progresivos o muy atmosféricos era un arma para probar distintas formas de frenesí en las guitarras. No recuerdo haber escuchado algo así antes en una banda.

Pasamos a “The Last Thing On My Mind” opta por algo más relajado donde se explote el encanto que tiene su vocalista Ritzy Bryan cuando se trata de hacer que las cosas más atrevidas a nivel de estructura e instrumentación tengan una lógica alrededor de su voz. En este caso hablamos de un tema que aprovecha las guitarras al servicio de un resultado más “fashion” pero a la vez más elaborado de lo que puede indicar en un principio. No son raros los sube y baja, ni que la canción se extienda todo lo que quiere.

Con “Liana” prueban con un tempo relajado donde aprovechan para sumar cosas sumamente poderosas a su acople. La guitarra, la batería de Matthew James Thomas, y a veces incluso el bajo de Rhydian Dafydd parecen jalar de un lado a otro, llevando la canción a sus límites más absurdos. Llego a preguntarme en ese punto si no estamos ante una banda de jams en vez de una de indie rock, porque realmente es una cosa que no tiene parangón. Pasamos a “The Brook”, que parte de un intro con cuerdas para tornarse acústico y evocar cierto romanticismo en la voz. Alguna guitarra eléctrica aporta arreglos como para reforzar ese ambiente místico que proponen.

“It’s Started” tira en nuestras cabezas un riff elemental pero impactante. Más propio de Scorpions que de una banda indie rock, pero entre la batería y la voz de Ritzy hacen que ese fraseo tenga otra utilidad: la de aportar tensión y crudeza en vez de dinamismo. Ese corre a cargo de los tarros de Thomas, centrados pero muy aventureros cuando la situación lo exige. Con el paso de los minutos la canción se convierte en un muro de sonido con distorsiones de guitarra impenetrable. Con cada canción que pasa es un hecho que buscan poner tierra de por medio con cualquier tipo de cosas que pudieran hacer antes o que puedan hacer ahora. “The Gift” es una prueba de eso al ser un ejercicio donde un teclado muy básico hace de fondo para Dafydd, el vocalista para la ocasión. Ritzy aporta un solo de guitarra sublime.


“Running Hands With The Night” es tribalismo puro. A la par con los golpes de la batería, los susurros de Ritzy le dan un aura algo siniestra a la canción. “Fog (Black Windows)” se tira por una línea algo más convencional, más indie rock pero sin dejar de lado esos momentos épico-sinfónicos que han protagonizado el álbum hasta aquí. Luego encontramos la bella “Underneath The Petal”, acústica y con plenas intenciones de adentrarse en la música tradicional gaélica. Hasta incorporan una flauta para efectos de reforzar ese ambiente folclórico que busca el trío. Sin duda, su mejor incursión entre las dos o tres canciones pensadas desde esa línea acústica para la ocasión.

Para el final “Blowing Fire” y “Don’t Let Me Know” nos dan las últimas descargas de guitarra eléctrica para rematar debidamente un tercer trabajo que, a título personal, resulta bastante revelador.

Revelador no tanto porque los dos trabajos anteriores no destacaran, sino porque Hitch da síntomas de avance. Han madurado como músicos, se han esforzado por reinventar un acople que antes se conformaba con dosis de indie rock rasposo y ahora puede desdoblarse en las canciones a su antojo. Indudablemente es el mejor trabajo que hayan lanzado hasta la fecha. No tan pegadizo, pero igualmente entretenido en medio de esa locura encontrada. Fue un buen momento para decidirme a explorar a esta banda, y espero que llegue el momento de verlos en vivo, ahora si, sabiendo a qué atenerme.

Mi recomendada es “Underneath The Petal”. Es el tipo de canción que le da validez a una trayectoria. Así de sencillo.

Aquí va “The Last Thing On My Mind”.

Calificación: 4.5/5

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