Lollapalooza Colombia cancelado y sus secuelas

Parece que todos los medios de comunicación se hubiesen puesto de lado de los organizadores, tratando al publico de “inculto”.

Hace dos semanas escribí un post en el que hablaba de las cosas que dejó a mi juicio el anuncio del cartel de Lollapalooza Colombia, con sus puntos a favor y en contra. Señalaba que si bien no era una situación fácil para la gente de T310/Absent Papa que tiene los derechos de la franquicia, pensaba que de todos modos lograrían su cometido de vender las boletas necesarias para mantenerse a flote.
Esta mañana comenzaron a escribirme personas diciendo que Lollapalooza Colombia iba a publicar un comunicado cancelando esta edición por el abandono de uno de los headliners. Finalmente al mediodía se confirmó la debacle con la respectiva información. Se revivieron las polarizaciones de los días anteriores y parece que todos los medios de comunicación se hubiesen puesto de lado de los organizadores, tratando al publico de “inculto”. Eso me obligó a responder desde este espacio, pues yo antes que periodista a puertas del grado soy parte del publico, sin importar la circunstancia. No por alguna jugada populista o demagogia, sino porque he invertido 6 años en este tema de conciertos y no puedo tolerar que se me trate de “inculto” cuando por primera vez en años siento que un cartel no es acorde con el precio que se cobra.
La dinámica de este post alternará en preguntas básicas y creencias que se deben refutar alrededor no solo de Lollapalooza, sino de los conciertos en Colombia. Así que vengan de a uno.

¿Qué pasó en esas dos semanas?
Comencemos por Jose Norberto Flesch. El periodista brasileño es “la pesadilla de los promotores de conciertos” según reza una columna que salió hoy, minutos después de confirmarse oficialmente la cancelación de Lollapalooza Colombia. Sin embargo hace unos días escribió en su cuenta de Twitter que Rihanna había cancelado la gira latinoamericana que estaba negociando por esas fechas debido a un desacuerdo con los promotores. Ese día entendimos el por qué de los signos de interrogación en el cartel, así como la razón por la cual el cartel no se pudo concretar faltando pocas horas para su anuncio. Ahí me di cuenta que la cosa podía ser más grave de lo que quería creer.
¿Qué ha ocurrido en las ultimas horas?
Todo lo que escribí en su momento se juntó en ese resultado indeseado que fue la cancelación de Lollapalooza Colombia. El cartel costoso (más no malo), la sensación de duda en la rueda de prensa, la especulación, los argumentos salidos de tono para defender el cartel (que mutaron en defender a T310 y atacar al publico, pero ya llegaremos a eso)… Todo eso hizo una mezcla pensada para el desastre.
La primera sensación en el aire virtual fue la de sorpresa. Es la primera vez en muchos años que T310 debe llegar al punto de cancelar un evento de esas proporciones. Seguro algún distraído celebró, pero no es algo que se deba celebrar. Con todo y ciertos vicios que se le puedan achacar a sus organizadores, no da para desearles lo peor. Menos con todo lo que hicieron antes para que Colombia se volviera una plaza de respeto para conciertos a través de Estereo Picnic, SOMA, Sonar o Hermoso Ruido.
Lollapalooza Colombia no iba a “consolidar” los conciertos en Colombia
Todos los años hablamos de “los artistas internacionales miran a Colombia como una plaza importante” o “Colombia en la mira de los promotores del mundo”, cuando hace años que ya tenemos ese lugar bien asegurado. Por lo menos desde el 2013 vienen artistas de todos los calibres con regularidad gracias al trabajo del Festival Estereo Picnic. Lollapalooza no iba a ser la “consolidación” de algo. Era EL Festival por excelencia uniéndose a una red de eventos que ya estaba consolidada en el país. Honestamente no veo que ganáramos o perdiéramos algo teniendo la franquicia, si ya tenemos una propia con Estereo Picnic. Un logro más grande seria exportar la idea de Estereo Picnic a otros países, ¿no?
La percepción de “cultura” en la escena musical colombiana.
En el colegio me enseñaron que la cultura es el conjunto de costumbres que rigen a una comunidad. Es un concepto no tiene nada que ver con “alta cultura” o “baja cultura” (aunque en ciertos campos del conocimiento se suele manejar esa definición), pues son cuestiones determinadas por un contexto. No es como algo que se “haga” de acuerdo a ciertas jugadas o movimientos. Surge naturalmente. Toda cultura debe mutar, cambiar, adaptarse a las circunstancias. Y en una “cultura de conciertos” que depende de muchísimos factores para que se geste, eso es particularmente cierto.
Dicho eso, pasemos a la médula del asunto. En las ultimas horas un montón de medios (curiosamente secundando la postura iniciada por Alejandro Marin con su columna para El Espectador en horas de la tarde) se puso del lado de T310 cuestionando si el publico colombiano en esencia “valía la pena” para hacer el tipo de gastos en los que han incurrido en los últimos tiempos para traer artistas y montar eventos de ese corte. Otros como Shock (y en cierta forma Metrónomo) básicamente se mofaron de los “ganadores” del conflicto (como si uno realmente celebrara esa situación…) haciéndonos los únicos culpables.
Tengo una respuesta para todos ellos. Dijeron todos estos días “si no le gusta no vaya”, como todas las veces que la gente pelea por un lineup. Y les hicimos caso esta vez. No fuimos. No invertimos en un cartel exageradamente caro para lo que ofrecía. ¿Y ahora nos dicen que eso es “falta de cultura”? No sean hipócritas. 
Cultura de conciertos no es pagar medio millón de pesos a ciegas por bandas bajo la promesa de que “van a ser” en el futuro y no “son” en el 2016. Cultura de conc
iertos son Hermoso Ruido o Estereo Picnic, con enfoques diferentes pero con un norte claro. Cultura de conciertos fue SOMA. Cultura de conciertos pueden ser Sonar Bogotá o Rock & Shout. Se manejan todo el tiempo como “esto es un negocio” y ahora cuando saben que por ese lado no pueden argumentar, ¿se escudan por el lado romántico por el cual han atacado muchas veces al público?
No se equivoquen. Lollapalooza Colombia no se acabó por los comentarios negativos de las ultimas semanas. Se acabó porque nadie tuvo confianza en un evento tan costoso para lo que ofrecían y no hubo mucha gente que se atreviera a invertir en el cartel luego de conocerlo. Y claro, por el temita del headliner.
No todo el público es igual, y no todo el público es defendible.
Lo intenté impedir de todas las maneras posibles, pero fue inevitable: se volvió personal el asunto. 
Una de las cosas que más me ofendió en la columna de Alejandro Marin (y por extensión, las que secundaron su postura) fue estereotipar al publico que hizo de Estereo Picnic algo de lo cual nos podemos sentir orgullosos todos los que estamos metidos en este cuento en la ciudad y en el país. Nos puso a todos en el saco de que eramos unos anacrónicos que no nos gustaba nada, cuando eso no es para nada cierto. Hemos apoyado siempre a T310 a pesar de todo en estos años porque lo ha valido. Esta vez no lo hicimos porque no sentimos que lo valiera. Ley de oferta y demanda, como la que le gusta a ese señor. Solo que ahora juega en su contra y en contra de los organizadores.
Ahora, es cierto que hubo entre esta oposición del publico un sector anacrónico que todavía ve algo de “pureza” en el concepto de Lollapalooza y fueron por ese pensamiento tan rezagado un blanco fácil para todas las columnas que han aparecido en las ultimas horas. Me limitaré a decir lo que dije hace unas semanas: Lollapalooza perdió valor cultural y ganó más valor económico del que ya tenia cuando puso a Metallica a encabezar el evento en 1996. No es una marca que identifique exclusivamente a la Generación X. Ni nosotros ni los jovenes que siguen llegando somos algo parecido a eso. No podemos esperar algo así de esa franquicia porque sencillamente somos generaciones diferentes.
¿Quien pierde con todo esto?
Todos. T310 porque recibe un golpe a su crédito bastante fuerte, los patrocinadores porque esa inversión puede perderse en su gran mayoría, las bandas porque se pierden la chance de cautivar a un publico que se ha ganado su respeto a pulso, y el publico mismo porque por tomar una decisión muy valiente va a perderse varias bandas geniales (muchos eran conscientes de eso, no subestimen a la gente) y corre el riesgo de que la franquicia de Lollapalooza Colombia también se pierda por la cancelación de este año.
¿Soluciones?
Cuando se habla de problemas, es pertinente proponer soluciones. Se pueden aprovechar o descartar, pero es un ejercicio valido que siempre aporta. Marin daba una muy tirada de los cabellos: sacrificar la marca Estereo Picnic para favorecer la de Lollapalooza. No es viable, no es conveniente y menos cuando se ha forjado una identidad alrededor de ese evento. La debacle implica que deben apostar por lo seguro, y no hay nada más seguro en estos momentos que el Picnic.
Personalmente propondría fortalecer las relaciones con los festivales del segundo semestre en Latinoamerica, principalmente con el Corona Capital de México. Ellos suelen tener artistas bastante fuertes, aceptables para el target al que se dirigen normalmente (en relación costo/beneficio) y que no desentonarían en lo absoluto con un Lollapalooza. No pueden seguir dependiendo exclusivamente del criterio de “cantidad de reproducciones en streaming” de un artista en el país. Esa no es una medida tan certera, y este episodio lo demostró con claridad.
Conclusiones
No es necesario ponernos apocalípticos con el tema de los conciertos en Colombia. Hay disposición de seguir trayendo artistas, y hay disposición del publico a seguir asistiendo a estas cosas. Citando algo con lo que cerré el otro post sobre este tema, independiente de cualquier postura contamos con una red de festivales y eventos a los cuales (salvo que Farrell decida quitarnos la franquicia) ahora se suma Lollapalooza. Eso en sí mismo es un logro enorme, así no cumplieran con las expectativas.
Es la primera vez en 5 o 6 años que en serio un festival en Colombia se ve tan golpeado para llegar al punto de cancelar. Pero no pensemos que el problema fue perdernos a Radiohead, o a LCD Soundsystem o a cualquiera que pidiéramos para esta edición. El problema es que puede haberse producido una grieta en la relación entre el publico y los organizadores/medios de comunicación, alimentada por una defensa irresponsable e irrespetuosa de algo que esta vez no se podía defender.
No habrá que esperar un año para saber si la idea de Lollapalooza puede recuperarse. Tendremos que esperar hasta octubre o noviembre, cuando anuncien el cartel del Estereo Picnic 2017 y el estado de ventas para el Sonar Bogotá para saber si las cosas pueden continuar creciendo como lo estaban haciendo hasta ahora. Ojala y así sea.

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