Estereo Picnic 2017, la historia. Parte II: A toda guitarra

Les dimos el poder como público para hacer lo que se les de la gana, y eso hicieron en Estereo Picnic.

El segundo día de Estereo Picnic como suele ser costumbre es el que tiene el plato fuerte. Ese que nos hace pagar una boleta tan costosa como la que pagamos cada año. Este año ese nombre no tenia discusión: The Strokes. Pero como un solo nombre no siempre es suficiente, ahí estaban por el lado Two Door Cinema Club, Silversun Pickups, Vance Joy, Catfish And The Bottlemen. Exceptuando la electrónica de Flume, Claptone y Caribou para rematar la jornada como era debido, las acciones decisivas tendrían a las guitarras como protagonistas. Con los artistas nacionales también había motivos para ir, pues CocoNonó, Los Makenzy, Los Hotpants y Árbol De Ojos eran referentes con la fuerza necesaria bien para sorprender a esos que gustan de encontrar nueva música en esta clase de eventos, o bien para convocar así fuera unos pocos de los muchos miles de personas que estarían viendo los nombres internacionales hasta la madrugada del otro día.
Para mi decepción solo pude comprobar lo segundo con Árbol De Ojos, y tan solo por unos minutos. Por compromisos adquiridos previamente (quedé de recoger en el Aeropuerto a una amiga de Cali con la que estuve en Kasabian hace dos años y acompañarla al hotel donde se estaba quedando para dejar sus cosas y reunirnos con otro conocido de Barranquilla que estaría con nosotros), añadidos al caos del transporte tan típico de Bogotá, llegué más tarde de lo que hubiese deseado y me perdí las primeras bandas del día. 
La mejor forma de ilustrar esa mala suerte se resume en cómo la ruta de Estereo Picnic nos dejó en el sitio. Por algún motivo que desconozco (probablemente el terreno del parqueadero estaba muy embarrado) el bus no entró a Fontanar para parquear, sino que siguió avanzando y nos dejo varios metros más adelante de lo que debía hacerlo ante la imposibilidad de darle la vuelta al bus en un espacio tan estrecho como el de la Carrera Séptima.
Dejé a mis acompañantes haciendo la fila regular mientras yo agilizaba mi ingreso por prensa. Gracias a eso pude ver aunque fuese por solo unos pocos temas a Árbol De Ojos, el grupo nacional que más quería ver este año, en el Escenario Tigo. Afortunadamente ese poco fue ilustrativo, pues la rompieron con toda. Certeros en los instrumentos, el vocalista Camilo Maldonado gozándose el momento a pesar de la presión del ambiente, visuales tremendas (como de costumbre en ellos, todo sea dicho) y la gente disfrutando de ese buen preámbulo para la noche. Al mismo tiempo trataba de encontrar a un amigo del colegio entre los miles que ya estaban parqueados para ver a The Strokes bien cerca. No pudimos encontrarnos.
Resignado, me fui del Tigo para encontrarme con mis acompañantes, pero me prometí ver a Árbol De Ojos en esta gira a como de lugar. Una etapa de sus carreras donde presentan un disco como ‘Regular’ y donde pueden soltar como si nada un tema como “Aprendiendo A Decir No” ejecutado en vivo por esa banda retumbando en los oídos merece más atención de la que le pude dar esa noche. Debo tomarme esa revancha.

Mis amigos entraron al Mundo Distinto pocos minutos antes de las 7 de la noche. Me reuní con ellos en el Escenario Budweiser para ver la banda que más quería ver el chico de Barranquilla este año: Catfish And The Bottlemen.
Cuando los anunciaron en el cartel fue una completa sorpresa para mi. Su presencia en la radio nacional no es significativa, y no es un grupo del que uno hable frecuentemente con sus conocidos. Pero ‘The Ride’ es un gran álbum, hay mucha gente enganchada a los temas de su debut ‘The Balcony’ y esa impronta britpop es una apuesta segura por parte de Estereo Picnic a pesar de no ser un grupo con tanto reconocimiento en Colombia.

Veredicto: Gran, gran banda esa. No los vimos tan adelante como hubiésemos querido (o merecido) pero esa energía que son capaces de contagiar llegaba hasta la Autopista Norte, tranquilamente. Una hora de show no fue suficiente para nadie, ni para ellos ni los que estábamos entre el público. Admirable cómo se ganaron seguidores a raíz de esa presentación no sólo por sus discos, sino por su fuerza en escena. Van McCann es un frontman carismático, al mejor estilo de un Kelly Jones de Stereophonics. Es un grupo que bebe bastante del britpop, cosa que uno deducía con los discos pero que en vivo tiene una dimensión más profunda. Se nota que son tipos que se saltaron de alguna forma la historia del rock de comienzos del milenio y se dejaron seducir por las quimeras de Camden Town. Hay mucho de Oasis en lo que hacen sin ser una vil copia, cosa que logran aportando más variedad en las canciones con cambios de ritmo como en “Twice” o ese efecto raro en el puente de “Soundcheck”. Jugadas estas pensadas siempre para hacer saltar multitudes, cosa que consiguieron con creces en Estereo Picnic.

El show en general era una oda a las guitarras bien tocadas, a las melodías contundentes pero también a las estructuras ingeniosas que toman a cualquiera fuera de base. Por eso “Kathleen”, “7” o el final con “Tyrants” dieron la mejor dimensión posible de lo perfectamente acoplado que está el grupo en vivo. De momentos que generalmente son más apropiados para el virtuosismo musical ellos son capaces de sacar momentos memorables que le permiten a la voz de McCann brillar con bastante fuerza.
Había varios espectadores que iban en plan de curiosos y seguramente salieron totalmente sorprendidos. Recuerdo pensar cuando salíamos del Budweiser terminado el show que eran sensaciones muy parecidas a las que me dejó Kasabian. Una banda sin tanto tiraje mediático, sin tantos fans, pero con una fuerza en discos y conciertos ya compro
bada, así como una curiosidad entre los más neutros que se vio resuelta esa noche. Hay mucho futuro en esa banda, y estoy completamente seguro de que volverán por más. Ojala para entonces decidan tocar “Emily”, pues sin duda es la mejor canción que han grabado hasta ahora y en directo no la han tocado demasiado. A riesgo de blasfemar, fue para mi lo mejor del segundo día de Estereo Picnic.
Salimos de allí al baño y luego dirigimos nuestros pasos al Escenario Tigo donde ya estaba tocando Silversun Pickups. Más movidos por la curiosidad que por las ganas de verlos, ya veíamos que eso de ver a The Strokes cerca iba a ser una tarea imposible. Nos acomodamos lo mejor que pudimos y paramos oreja.
A pesar de que el sonido los traicionaba a ratos (en especial al baterista) fue una completa delicia escucharlos. Músicos tremendos, canciones ingeniosas y una sencillez en el trato que se ganó a un público que en esencia estaba allí casi que solo por “Lazy Eye“. No puedo decir que iba con el mejor conocimiento de ellos, pero tenía claro que iba a escuchar algo que podía ser tan crudo al mejor estilo de los Pixies como hipnótico a lo Beach House. No fallaron en ese sentido, y de hecho el vocalista Brian Aubert nos recordó que esa no era solo la primera presentación de su historia en Bogotá o en Colombia, sino en Suramérica. El aplauso de todos, con el orgullo por las nubes, no se hizo esperar.
Hubo grandes momentos a lo largo del show. Varias del ‘Better Nature’ como “Circadian Rhythm (Last Dance)” y “Latchkey Kids” o algunas más veteranas como “The Pit” o “Dots And Dashes (Enouh Already)” dejaron claro que no les va mal componiendo temas poderosos. Es solo que no tuvieron tanta suerte a la hora de colar hits que tranquilamente estaban a la altura de “Lazy Eye”, con todo y que los sencillos de ‘Better Nature’ sonaron bastante. Al menos en Colombia.

Pero por encima de todas me gocé “Panic Switch”. Bailaba, saltaba y hacia guitarra aérea como un completo desquiciado mientras ese coro salía por los amplificadores, ya con los problemas iniciales de sonido resueltos. La situación de locura personal llegó al punto de que la gente (que o no conocía la canción o no se sentía tan emocionada por escucharla) tuvo que abrirme espacio para poder desatarme sin interrupciones. De mi parte, las gracias y mil disculpas por la molestia. ¡Pero es “Panic Switch”! Por supuesto, para el cierre con “Lazy Eye” los locos éramos todos.

Solo los problemas de sonido impidieron que fuese una presentación tan recordada como debió serlo (hasta puede que sea uno de los shows más subestimados en la historia de Estereo Picnic). Pero algo si tuve claro cuando terminaron: si en el futuro hay shoegaze tipo Slowdive, My Bloody Valentine o algo por el estilo en el festival, ellos fueron responsables de dar un primer paso en esa dirección.
Mientras la banda tocaba, un tipo pasó agachado entre la gente a toda velocidad. A los pocos instantes otros personajes de logística aparecieron como buscando al personaje. Por lo visto se pudo colar al evento, fuese para gozárselo o hacer su negocio adentro.
Salimos para comer algo y volvimos al Escenario Tigo para ver a Flume en uno de esos shows que no puedo evitar preguntarme por qué no es más recordado de lo que finalmente es, habiendo pasado ya un tiempo del Estereo Picnic. En términos de DJs y electrónica es tranquilamente el único tipo que conozco entre los productores actuales que puede crear hits partiendo de ruidos tan pero tan raros. Es como si deconstruyera la licuadora de Skrillex y juntara los pedazos de tal forma que creaba una cosa distinta cada vez. Deforme, pero bella por su singularidad. Las visuales, espectaculares, ratificaban esa sensación mientras sonaban autenticas bombas como “Helix”, “Never Be Like You”, “Wall Fuck” o remezclas memorables a “Get Free” de Major Lazer y “Tennis Court” de Lorde.

Ver al australiano haciendo de las suyas me hizo pensar un poco en el nivel de aceptación que tiene actualmente la figura del DJ para mi. Recuerdo que los primeros Estereo Picnic solía renegar mucho de ese tema, y ahora estaba ahí, viendo al tipo como si fuese un artista como cualquier otro de los que usa instrumentos tradicionales, pinchando en vivo su propia música y hasta tomándose el atrevimiento de rehacer la de otros. Me gustó darme cuenta que no estoy exento de madurar en ciertas perspectivas que he tenido en el pasado sobre la música, pero también me gustó darme cuenta que mucha gente se ha vuelto más receptiva hacia los artistas nacionales. No sé si sea por ese slogan odioso de “yo creo en lo de acá” o porque genuinamente gustan de esa música por sus propios méritos, pero ver tanta gente gozándose a Árbol De Ojos o a los grupos nacionales del primer día fue muy reconfortante. Es de hecho uno de los argumentos que me permiten decir que el festival ya es un animal con vida propia.
Para Flume teníamos una visual un poco mejor por la gente que salió a comer o a ver a Vance Joy (que me arrepiento de no haber visto sobre todo al saber que le hizo cover a “The Chain” de Fleetwood Mac). Por ese motivo mis acompañantes decidieron quedarse el resto de la noche allí y sacrificar a Two Door Cinema Club. En circunstancias normales habría hecho lo mismo (después de todo, ya los había visto hace 4 años en un mejor estado de forma que el actual y presentando un señor disco como lo fue ‘Beacon’). A pesar de mis dudas estuve de acuerdo con ellos, hasta que recibí una llamada.
Era el amigo que había estado buscando en Árbol De Ojos. Luego de muchos intentos por la mala señal (gracias Tigo) pudimos hablar. Me dijo que había quedado bien adelante en The Strokes pero que no quería perderse a Two Door Cinema Club y me preguntaba si iba a ir con él. En cuestión de instantes tuve el dilema de si debía o no debía verlos. Estaba tan lleno el Escenario Tigo que
pensé “puede que no los vayan a cubrir mucho”. Con eso en mente me decidí a verlos, y quedé de verme con él afuera del Escenario Budweiser. Acto seguido le dije a mis acompañantes de ese momento mis intenciones, quedamos de vernos cuando terminara The Strokes (nos tocaba tomar la misma ruta para devolvernos a la ciudad) y finalmente entre la multitud y el barro cada vez más blando y profundo salí para encontrarme con mi amigo y repetir Two Door Cinema Club. Lastima que por esa llamada perdiera la oportunidad de escuchar la remezcla que hizo Flume a “You & Me” de Disclosure, pero ni modo. Gajes de los festivales.

Me encontré con mi amigo faltando unos 15 minutos para las 11 de la noche, hora a la que arrancará el concierto de los norirlandeses. Como él si llegó temprano ese día, le pregunté por las bandas nacionales. Me dijo que le gustaron Los Hotpants, CocoNonó y Árbol De Ojos. Aunque mi amigo estaba muy emocionado por ver a Two Door CInema Club, yo le dije que en realidad tenia mis reservas, pues ‘Gameshow’ no tenia la locura y el frenesí de sus primeros discos, y eso con lo que ahora lo reemplazaban no era tan interesante o no lo implementaban tan bien como podrían. También me contó que venia con otra gente que estuvo prácticamente en primera fila en el Escenario Tigo, pero que no quisieron hacer el sacrificio de perder posiciones.
Mientras hablamos suena “This Must Be The Place (Naive Melody)” de Talking Heads. Mientras relacionaba a la banda neoyorkina con la influencia que pudo tener en el sonido de su nuevo álbum, me di cuenta que había unas pantallas verticales dispuestas sobre el escenario y una guitarra acústica. Me pregunté si harían algo como el ‘Stop Making Sense’ donde iban entrando los miembros uno por uno hasta acoplar todo en determinado momento, pero no fue así.
Aunque el último disco no es tan bueno, Two Door Cinema Club piloteó el asunto con suficiente astucia. Imagino que tenían claro que luego de 4 años sin venir lo que queríamos todos eran los clásicos de sus primeros discos. Tocaron casi completo el ‘Tourist History’, sumaron unas cuantas del ‘Beacon’, se coló “Changing Of The Seasons” y solo tocaron unas pocas del ‘Gameshow’. Personalmente creo que no es algo que los haga quedar muy bien parados en vigencia, pues uno esperaría que defendieran más el nuevo álbum que sus clásicos. Me hubiese gustado que me hicieran reformular totalmente mis impresiones del ‘Gameshow’, aun cuando eso hubiese implicado sacrificar varios temas viejos.

Más allá de eso, los sencillos “Are We Ready? (Wreck)”, “Bad Decisions”, “Gameshow” sonaron bastante bien, acordes con lo que cabria esperar de ellos a estas alturas, y hasta diría que “Lavender” se hace mejor en vivo si se le compara con su versión de estudio.
Mientras el show avanzaba la gente se iba yendo para tomar puesto en The Strokes, pues querían asegurarse un buen puesto en un Escenario Tigo que ya se estaba alistando para recibir a la banda que definió una generación. Mi amigo y yo dijimos que si era necesario sacrificar canciones de The Strokes para ver completo el show de Two Door Cinema Club, lo haríamos. No estábamos sacrificando puesto si no era para saltar en ese momento, así que en vez de seguir a los que se iban, fuimos yendo más y más adelante.

¿Y les digo algo? Valió la pena quedarse hasta el final para saltar al ritmo de “Sleep Alone”, “I Can Talk”, “Someday” y como no, “What You Know” bastante cerca de la banda. Todos los que estábamos ahí sabíamos lo que sacrificábamos por estar ahí, viendo a Trimble y compañía. Creo que por eso mismo lo gozábamos más: porque sabíamos que por escuchar esas canciones en vivo (fuese por primera o segunda vez) valía la pena todo. Hasta sacrificar puesto para ver a The Strokes.
Ciertamente muchos se fueron en medio del concierto de Two Door Cinema Club, pero en lineas generales el Escenario Budweiser se mantuvo con bastante gente todo el tiempo. Por ese lado pueden considerarse ganadores, pues en un contexto de ansiedad como ese tiene mucho merito retener al publico de esa forma. 
Terminado el show, mi amigo y yo salimos corriendo hacia el Escenario Tigo y el panorama era abrumador. Absurdo. Miles y miles de personas congregadas ahí, sin importar el barro o el frío. No recuerdo haber visto nunca tanta gente en ese lugar, ni siquiera cuando Snoop Dogg estuvo ahí el año pasado. Incluso antes de tocar la primera nota, la primera vez de The Strokes ya era el concierto más grande e importante en la historia de Estereo Picnic.

Cuando digo eso no quiere decir que automáticamente se convierta en el mejor o uno de mis favoritos. Es muy diferente hablar de la importancia mediática de un show que de su calidad. Para el caso podemos decir que el sonido estaba algo reventado, que salieron 15 minutos más tarde de lo estipulado del escenario (dicen que también se fueron más temprano pero no puedo confirmarlo), que las pausas entre canciones eran demasiado largas haciendo que se perdiera la emoción, que Casablancas a pesar de dar en lineas generales un buen rendimiento vocal perdía la entonación por momentos, y probablemente el público pensó que podía saltar más de lo que finalmente pudo hacerlo. Esperaban más adrenalina, lo que me lleva a preguntarme si no malinterpretaron un poco la dinámica de las canciones de The Strokes, pues si bien coincido en que “Reptilia” o “Last Nite” son temazos, no son necesariamente de esos que incitan al pogo o a saltar como enajenado.
Afortunadamente nada de eso le restó algo a los neoyorkinos. Nos recordaron por qué se les consideró “los salvadores del rock” en el 2001, haciendo de ese su enfoque para toda la presentación. Casi todo el ‘Is This It’ sonó frente a nosotros, junto a los temas de su brillante EP ‘Future Present Past’, unas cuantas de ‘Room On Fire’ y ‘First Impressions Of Earth’, nada del ‘Angles’ (lastima) y para sorpresa de todos, una del ‘Comedown Machine’: la pseudo homónima “80s Comedown Machine” que debutó en vivo
en Estereo Picnic.
Dentro de las posibilidades que da estar tan lejos de la banda (fácilmente había unos 200 metros de diferencia entre nosotros y el escenario) lo disfruté mucho. La fuerza de las guitarras estuvo a la altura de su leyenda (Nick Valensi se robó el show en ese sentido) incluso cuando debían tocar temas donde los sintetizadores suelen tener más protagonismo tipo “Drag Queen” o “12:51”. Bastante energético el asunto, mientras Julian lideraba las acciones con la displicencia que lo caracteriza. 
Si, ya vamos a tocar ese tema…
Realmente no me tomé para nada mal la actitud de Julian en escena y el aparente desgano de “lo hago por el dinero”. Ese es el personaje que siempre ha mostrado en escena, así que no es para nada sorprendente la situación. Es más, mi amigo y yo nos preguntábamos entre risas cómo seria un dueto entre Casablancas y Violencia Rivas, el personaje proto punk ambientado en los sesenta que creó Peter Capusotto. Realmente causaba gracia escucharlo diciendo “I don’t know what to say, bla bla bla” o cosas por el estilo cada vez que se dirigía a nosotros, o cuando dejaba evidencias de las pocas palabras que sabia en español. Nunca decía nada realmente cuando hablaba al público, así que francamente no entendí el enfado de muchos en ese sentido. ¿No es eso lo que quieren rescatar a cualquier precio del rock clásico? ¿Las estrellas decadentes que son un espectáculo en si mismas por mostrarse de esa forma? ¿O es que prefieren el “profesionalismo” de unos Kings Of Leon que van, tocas las canciones y se van? Convengamos que eso ultimo no lo digo para demeritar a los Followill, sino para recordar que esta discusión ya la habíamos tenido en el pasado.
No estuvo nada mal el concierto, a pesar de los problemas mencionados. De hecho disfruté con ellos mucho más de lo que esperaba hacerlo originalmente. Si tuviese que señalar momentos tremendos de su presentación me quedaría sin duda con “12:51”, “Threat Of Joy” por cerrar el circulo con el vídeo promocional del cartel de Estereo Picnic, “New York City Cops” (con esa si salté a todo lo que daba mi cuerpo a esas alturas), y el encore que incluyó “80s Comedown Machine”, “Heart In A Cage” y “Hard To Explain”. Faltaron temas, si, pero no me quejo en exceso por eso. Les dimos el poder como público para hacer lo que se les de la gana, y eso hicieron en Estereo Picnic.

Entre fuegos pirotécnicos, mi amigo y yo salimos del escenario para reunirnos con nuestros acompañantes. No veía mucha satisfacción en ellos, principalmente por los esperados empujones entre el público y algún lío con un borracho. Había bastante gente borracha por donde yo estaba y entre esos hubo varios que le buscaban lío a la gente que tenían a su lado. Supongo que a cierto nivel eso complicó aun más el ambiente cortado constantemente por las pausas prolongadas que se tomaba The Strokes entre temas.
Nos fuimos a la plazoleta de comidas a sentarnos y recuperar energías. No me sentía tan cansado como otras veces, pero si necesitaba algo de tranquilidad. Como que lidiar con tantas multitudes y tanta energía de las bandas me exigía algo de autocontrol. Me puse a mirar a mi alrededor y la cantidad de gente era absurda. Parecía el ultimo día de Picnic en vez del segundo. A ratos la gente ni podía caminar por la plazoleta de comidas, y para rematar los escenarios Tigo y Moto estaban llenos a esa misma hora con Caribou y Claptone. Más allá de lo emocional o lo musical, el espacio físico se estaba quedando corto para Estereo Picnic en esa edición. Era de no creer.
Ya un poco más recuperados y habiendo despedido al amigo con el que vimos a Two Door Cinema Club, el resto nos fuimos a ver un rato de Caribou antes de ir a buscar las rutas. Solo pude verlos hacer una tremenda versión en vivo de “Can’t Do Without You” para darme una idea de lo espectacular que fue su presentación, pero fue suficiente para arrepentirme de no haberlo visto completo. 
Algo que me preocupó esa noche mientras salíamos era lo poco iluminada que estaba la salida del Estereo Picnic. Entre tanto barro y tantas personas que salían (muchas no necesariamente en sus cinco sentidos) había un enorme riesgo de que alguien se cayera y se produjese una tragedia.  Incluso el chico de Barranquilla decía que para él resultaba complicado pasarse de tragos si la salida era tan difícil como lo era en ese momento. Por fortuna ese detalle lo corrigieron para el último día.
Aun así, eso se tradujo en la salida más caótica del Picnic de los últimos años. Trancones por todos lados, desorden logístico absoluto y la apenas natural impaciencia de la gente por irse a dormir a su casa o su hotel. Luego de una hora esperando la ruta y casi otra más llegando a Centro Suba, pude llegar a mi casa pasadas las 5 de la mañana. “Y todavía queda un día”, pensé mientras me dejaba invadir definitivamente por el sueño.
En un rato la tercera parte.

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