Reseña: Goldfrapp – Silver Eye

Ponen sus dos extremos en común: el experimental y el discotequero.

De un tiempo para acá Allison Goldfrapp y Will Gregory, los responsables de esa maravilla andante del synthpop revival del nuevo milenio llamada Goldfrapp, pasan por un ciclo donde se dedican a rescatar las distintas etapas por las cuales pasó su música en trabajos anteriores. En ese entonces y luego de lanzar dos álbumes discotequeros a todo nivel, el cabaretero ‘Black Cherry’ y un álbum más orientado al synthpop y al electroclash como ‘Supernature’ (que dicho sea de paso los puso en el punto máximo de popularidad cuando “Ooh La La” fue nominada a un Premio Grammy por Mejor Grabación Dance), decidieron volver al sonido misterioso y parcialmente trip hop de su debut ‘Felt Mountain’ con el lanzamiento de ‘Seventh Tree’ en 2008.

En el 2010 aparece ‘Headfirst’ y vuelven a la discoteca, ahora inspirados en el italo disco, como se puede escuchar en “Believer”. Tres años después los tonos brumosos vuelven a marcar la pauta (ahora con una idea ligeramente conceptual) en el 2013 con ‘Tales Of Us’. Pues bien, con ‘Silver Eye’, co-producido por la banda junto a dos personajes clave en la producción musical en los últimos años: por un lado, John Congleton, quien se encargó de producir este año los respectivos trabajos de Xiu Xiu, Future Islands y Blondie, además de darle forma el año pasado a dos grandes discos, el ‘Hold/Still’ de Suuns y el ‘Boy King’ de Wild Beasts.

Por otro lado, participa en la producción The Haxan Cloak, responsable del ‘Vunicura’ de Björk y otro trabajo no tan reconocido pero igualmente destacable en su hoja de vida: el ‘Death Magic’ de la agrupación HEALTH.

Entre todos ellos el objetivo parece que fue el de poner los dos extremos del dúo en común: el experimental y el discotequero.

Solo el arranque con “Anymore” y “Systemagic” deja claras las intenciones del dúo. Temas contundentes pegadizos, con ruidos de sintetizador alocados pero ya notablemente permeados por la experiencia  Con “Tigerman” bajan las revoluciones y tiran del sonido para estadio de Depeche Mode para ofrecernos un tema cadencioso, con algo de mística y mucho poder para cautivar.
Pasamos a “Become The One”, recuperando el dinamismo pero manteniendo mucho del tono atmosférico de la canción anterior. Eso sí, cuando llegan los coros Allison no se guarda nada e impone su voz sin problema. Con “Fax Suede Drifter” nos dejan una de las canciones más memorables y poderosas del grupo, ofreciendo un equilibrio entre grandeza y sencillez. Melodías elementales de sintetizador junto a una potencia sublime por su frialdad.
La segunda mitad del álbum baja un poco su calidad, aunque sin afectar demasiado lo mostrado en el inicio. “Zodiac Black” quiere experimentar más con los sintetizadores, ofreciendo ruidos más caóticos. Mantienen el ejercicio de power balada trip hop y sale bien librada a pesar de no ser tan memorable como otros temas. Tiene un mejor toque “Beast That Never Was”, tal vez por el tono inquietante en los susurros de Allison y lo opresivo de los sintetizadores de Will.

Para cuando faltan unos pocos temas para terminar ya se extraña bastante el dinamismo del principio, y “Everything Is Never Enough” cubre la cuota con un número synthpop certero, atrapante y muy pegadizo. No tanto como “Systemagic” o “Anymore”, pero todavía notable. “Moon In Your Mouth” baja nuevamente las revoluciones y suena más Depeche Mode que cualquier otro tema del disco, con teclados más densos y una voz que emula el aullido de un lobo. “Ocean” cierra el álbum con la inmensidad que sugiere la canción mientras Allison hace uso de un registro más grave para expresar lo que bien puede ser una lucha interna con emociones conflictivas.

Sobriedad. Esa es la palabra clave para definir ‘Silver Eye’. Pero queda la sensación de que fueron demasiado sobrios con su propio material. No hubo tantos temas como “Anymore” o “Systemagic”, y si bien muchas de esas baladas sintéticas son tremendas se echa en falta algo más de energía en el disco. De todos modos es un álbum notable, donde continúan reflejando su gran estado de forma sin arriesgar tanto pero tomándose a si mismos como influencia por primera vez en sus carreras. Con mucha clase, el séptimo trabajo de estudio de Golfrapp los pone oficialmente en la zona de confort. Después de ser un grupo bisagra en la música pop del nuevo milenio, realmente no es mucho lo que se les podría exigir a estas alturas, ni mucho lo que a Allison y Will les importaría.

Mi recomendada es “Beast That Never Was”. Hay algo que consigue estremecer a quien escucha esa canción. Es reflexiva y absolutamente cinematográfica.

Aquí va “Systemagic”.

Calificación: 4/5
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