Reseña: El Mató A Un Policía Motorizado – La Síntesis O’Konor

Una mirada universal de la cotidianidad.

En una Argentina conmocionada por los hechos de República Cromañón, orientada como nunca por el fenómeno Miranda y la cumbia villera, aparece un grupo que poco a poco se constituyó como el camino a seguir para toda una nueva generación de músicos, hasta entonces desorientados por el incremento en los shows de artistas internacionales y las consecuentes dudas sobre el valor actual del rock en ese país reforzados por el culto al pasado y la siempre compleja transición generacional.
Por eso y porque se rebelaron en todas las formas posibles contra la extensa historia que arrastraba previamente el rock argentino, El Mató A Un Policía Motorizado tiene carne de leyenda viviente: porque lidiando con esa coyuntura, aprovechando las posibilidades de Internet lo mejor posible y cultivando un estilo lo-fi con letras igualmente distintas a las del resto crecieron hasta convertirse no sólo en la banda más importante de su país, sino en un nombre reconocido en toda Latinoamerica. Con tres largos (incluyendo el protagonista de esta reseña) y 5 EPs notables se ganaron a pulso su reputación.

La proyección internacional de los platenses (fue grabado en Estados Unidos junto a Eduardo Bergallo, ingeniero conocido por colaborar en varios lanzamientos de Soda Stereo), el aprendizaje acumulado en estos trece años de carrera y las experiencias de la carretera son la base sobre la cual se constituye ‘La Sintesis O’Konor’, trabajo donde en líneas generales su sonido se pule, se enriquece y añade matices nuevos a su repertorio tanto en la ejecución de las guitarras (“El Tesoro”, “La Noche Eterna”) como en la incorporación de cajas de ritmo y uno que otro sintetizador (“Fuego”, la canción que da nombre al disco). El punto de conexión entre su trabajo previo y el momento actual lo aporta el bajo de Santiago Motorizado, sencillo y deudor de los Pixies como de costumbre. Con respecto a la voz podemos decir que la mayoría de las veces fluye con suavidad, serena, pero contundente.

La dicotomía guitarra-teclados ofrece momentos como los de “Fuego” donde la experiencia acumulada sale a flote, pero también un dinamismo casi bailable (a lo The Strokes, digamos) en “Ahora Imagino Cosas” o uno con tintes bluseros en “El Mundo Extraño”. Destacable el hecho de que se percibe cierta fascinación de la banda con los “muros de sonido” como puede ser el caso de “Las Luces”, pero tambien su encontrada habilidad para lograr conmover a partir de los silencios y la discreción, perfectamente notable en “Alguien Que Lo Merece” o “Excalibur”.
Líricamente algo parece haber cambiado con el grupo platense. Ya no tienen estos títulos medio alocados en los temas ni una obsesión con la autenticidad de los conceptos abordados. A cambio, Santiago ofrece una mirada universal de la cotidianidad. La amistad, el amor, salir de farra, la soledad… Todas esas son cosas que aborda naturalmente, sin excesos líricos pero con una franqueza que, junto a la notable mejoría en producción y los añadidos sintéticos puede conquistar un público que trasciende el ya obtenido en todos estos años. ¿Es su mejor álbum? No me apresuraría tanto como para hacer esa aseveración, pero definitivamente es el mejor grabado y el más accesible de su discografia hasta la fecha.
Mi recomendada es “Las Luces”. Es más melancólica y opresiva de lo que puede indicar el titulo, pero la batería tiene algo que atrae automáticamente. Es como si con cada golpe la sostuviera para que no se fuese al abismo.

Aquí va “La Noche Eterna”.

Calificación: 4/5
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