Reseña: La Vida Boheme – La Lucha

Captura un sentimiento de época que trasciende su propio origen.

La aparición, la evolución y la consagración de La Vida Boheme como uno de los grupos fundamentales de Latinoamerica (y el más reconocido de Venezuela a nivel internacional en estos primeros años del siglo) tomó una década. Una que los encontró en medio del momento álgido del gobierno de Hugo Chaves, una crisis institucional con la economía por el piso, un sucesor nefasto como Nicolas Maduro y una oposición desunida por egos e intereses cuestionables.

El desarrollo de su música tanto en contenido como en forma se ha visto permeado por todo esto. Precedido por un primer EP en 2007 con canciones todavía en proceso de ser mejoradas, ‘Nuestra’ apareció en 2010, en el preciso momento en que Chaves era más Chaves que nunca. Rabioso, desencantado pero nunca resignado ante ese destino (prueba de eso las guitarras y una tendencia ciertamente “disco indie”), fue su carta de presentación. Ayudó la aparición de “El Buen Salvaje” en el soundtrack de FIFA 12 para su difusión, y rápidamente se convirtieron en la banda con mayor proyección de su país.

Cuando aparece ‘Será’ en 2013 logran que Latinoamerica ponga sus ojos en ellos. Con una narrativa incluso mejor que en su debut, Henry D’Artenay profundiza en diversos aspectos de la historia de Venezuela (sea desde lo geográfico, lo costumbrista o sucesos concretos como en “Viernes Negro”) mientras su música adquiere un tono más focalizado, profundo, diverso, con matices latinos pero de una manera más personal. En ese marco tuve la oportunidad de verlos en su primera visita a Colombia, un Armando Records que con una audiencia respetable pasó unos cuarenta minutos disfrutando al lado de una banda atronadora como pocas en Latinoamerica actualmente.

Durante la gira promocional eligieron radicarse en México por el recrudecimiento de la situación en Venezuela. Desde el exilio, con más experiencia y mayor capacidad de acción los D’Artenay, Souza, Ayala y Briceño dan forma definitiva a lo que por lo escuchado en ‘La Lucha’ era solo un primer acercamiento en ‘Será’: una amalgama radicalmente distinta entre música tradicional latinoamericana y energía indie rock.

Si en el primer álbum la banda tomó como punto de referencia a The Strokes y el segundo a Bon Iver (esto en palabras del mismo D’Artenay), en el tercero podría decirse que Café Tacvba fue el punto de partida. Producido por Visitante de Calle 13, la mano de este se nota en cada aspecto de ‘La Lucha’, un trabajo que, debo reconocer, me tomó completamente fuera de base, incluso reconociendo sin reparos lo sensacional que fue escuchar y ver “Vocé”.

Me tomó por sorpresa porque definitivamente había puntos de partida (o de arraigo, para ser más concretos) muy notorios en sus trabajos anteriores que permitían captar casi de inmediato lo que buscaban. Por eso pospuse bastante tiempo esta reseña: porque no podía decir con tanta seguridad que fuese un mal paso solo por no entender en principio lo que buscaba La Vida Boheme. Y si bien eso no ha cambiado demasiado al día que estas lineas se publican, al menos el juicio está más asentado alrededor de ‘La Lucha’.

En definitiva si hay algo que no pierde D’Artenay es la habilidad de ponerse en un punto medio entre verso y prosa. Demasiado contundente para ser poeta puro, demasiado lírico para ser un cronista en el sentido estricto de la palabra; en este álbum representa un personaje que pasó por miedos, dudas, inseguridad y luchas internas durisimas, pero ahora está dispuesta a enfrentar todo eso con la entereza que exigen tiempos tan inciertos como los actuales. No es un álbum partidista o con una tendencia ideológica marcada. Es universal, acoge la misión de afrontar los extremos siempre negativos del pensamiento humano y llevarlos a un punto de equilibrio y entendimiento. El timing es tan certero como el de Algiers en el ámbito anglosajón, e igualmente ubicado en una realidad concreta que va más allá de la abordada en los discos anti-Trump.

En ese orden de ideas tiene mucho sentido que canciones como “Vocé”, “Ni Mar Ni Nada”, “La Purga” o “Domingo” salieran de la boca de venezolanos. Es cierto que llevan radicados en México un buen tiempo, pero la situación que atraviesa el país nunca los abandona, sea por la cuestión mediática o la lógica conexión de la banda con esta a pesar de su exilio. Pero como suele pasar con los discos latinoamericanos abocados a retratar estas situaciones y/o emociones, estas pueden extrapolarse a cualquier país latinoamericano. Partiendo de ahí se explica el éxito de ‘La Lucha’, así como la expansión de su audiencia en los últimos meses hasta el Río de la Plata, mercado tradicionalmente más cerrado en si mismo.
Musicalmente han expandido tanto su espectro que ni siquiera podía sospecharse en ‘Será’ semejante salto creativo. Encuentran la forma de alternar letras tan prosaicas como las de “Lejos” o “El Milagro Del Sur” con un tono relativamente pop pero redescubriendo la fuerza de guitarras y teclados en una base rítmica más latinoamericana. De nuevo, no muy distinto de lo que consiguió Cafe Tacvba en los noventa, pero todavía valido porque esta vez se aplica en un contexto radicalmente distinto.

No son muchas las canciones que remiten a sus discos previos (a ‘Será’ en concreto), pero “Eliseo”, “Los Heridos”, “No Contaba Con Eso” y “Pupitres En Fuego” son notables mejoras de algunas ideas probadas en ese álbum. Por momentos tienen folclor, por momentos juegan con las estructuras con una perspectiva “muy Radiohead” pero sin exagerar. No se puede negar que lo de ellos es rock, pero es uno tan apasionado, ambicioso, atrevido y comprometido con raíces que van más allá de la visión anglosajona que rodea su definición (y que tanto nos gusta, todo sea dicho) como puede esperarse hoy en día de esa cantera inagotable que ha demostrado ser Latinoamerica.

Sin embargo es la parte final donde la banda deja su mejor material. Primero con la potencia guitarrera de “La Purga”, que es lo más parecido a los tiempos de ‘Nuestra’ que encontraremos en el disco, luego con el conmovedor interludio de “La Respuesta” que obliga al autoexamen invariablemente, y luego con esa especie de bambuco presente en “Domingo” donde D’Artenay canta con esperanza pero también con cierta desesperación “al menos no estamos solos, al menos no estamos tan solos, podríamos estar más solos, pero al menos no estamos solos, tú y yo”.

Posiblemente por llevarme mejor con la contundencia de las guitarras mostrada en sus dos trabajos anteriores no logro llevarme tan bien con ‘La Lucha’ en comparación, pero ni siquiera eso es motivo para objetar el crecimiento de esta banda que a
hora pelea bien arriba entre las grandes bandas de nuestro “pueblo al sur de Estados Unidos” que ha dado nuestra generación. Incluso con lo que me cuesta seguir esta nueva idiosincrasia asumida por ellos debo reconocer que deja momentos sublimes y establece eso que suelen conseguir los grandes discos: un compromiso con el oyente. No es fácil de seguir, no siempre se entiende a la primera lo que dice D’Arthenay, pero está claro que captura un sentimiento de época que trasciende su propio origen. Musicalmente se arriesga con las maneras, y eso resulta en un trabajo donde el folclor, el rock más vanguardista y el espiritu remanente del indie rock se juntan para lograr muchos de los ambientes más ingeniosos y desafiantes que hayamos escuchado en mucho tiempo.

Mi recomendada es “Ni Mar Ni Nada”. Me incomoda decirlo en estos términos, pero es de esas canciones que le hacen a uno pensar que la música de esta región puede competir fácilmente con lo mejor de los anglosajones.

Aquí va “Lejos”.

Calificación: 4.5/5
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