Reseña: Interpol – Marauder

Ya se ve lejano ese 2009 cuando entré en contacto con la música de Interpol por primera vez. Se ve lejana esa noche de noviembre cuando pude verlos en vivo por primera vez, presentando su álbum homónimo. E incluso se ve algo distante esa noche cuando no solo volví a verlos en 2015, sino cuando compré su álbum El Pintor, fascinado por su portada y las tremendas canciones que demostraban que aun sin Carlos Dengler en el grupo tenían mucho para dar.

Probablemente por eso la expectativa que rodeaba su sexta placa, Marauder fuese ciertamente alta. Entre las presentaciones por el décimo aniversario de Turn On The Bright Lights y las inminentes grabaciones del nuevo material a lo mejor animaba la posibilidad de querer recapturar ese sonido inicial. Sin embargo era algo que en El Pintor ya habían comprobado sin atenuantes, por lo cual resultaba intrigante el siguiente paso del ahora trío de Nueva York. Los adelantos daban la primera impresión de que si bien no eran malos, carecían del cuidado y la prolijidad de sus antecesores. Como fuimos sabiendo a la par que la banda iba revelando detalles, eso se debió a la deliberada intención de hacer algo más descarnado que de costumbre. Llegaron a ese mismo punto que algunas bandas contemporáneas como Kasabian donde deciden un poco “quitarse la mascara” y probar un enfoque más elemental y en cierto grado, más directo. El papel de su productor Dave Fridmann fue fundamental, cosa llamativa si tomamos en cuenta que por lo general los discos en los que trabajo para The Flaming Lips, Mogwai, Cafe Tacvba, MGMT y Spoon entre otros, son de esos donde justamente los detalles resultan fundamentales para configurar el resultado final.

Dos de los adelantos abren Marauder y ratifican lo que sospechábamos meses atrás: ahora más que nunca Daniel Kessler y su guitarra serán el hilo conductor. Primero “If You Really Love Nothing” que se vale de un punteo de guitarra capaz de llenar todos los espacios para que Banks solo deba cantar. Sin embargo al ser una producción menos detallista y sin teclados de fondo que destaquen, puede desorientar tanto a los fans como a los nuevos oyentes. Probablemente sea la única composición que directamente no convenza tomando en cuenta el enfoque asumido, porque en las demás está todo mucho más claro. Y es que con “The Rover” encontramos un ingenioso punteo de Kessler que remite a la música de banda típica de México (esa que entrecruza ranchera, polka y corridos, entre otras cosas) a la par que los dinámicos golpes de Fogarino imprimen la velocidad capaz de recordarnos cual es la banda que escuchamos. Banks impone su voz sin problemas.

En “Complications” la guitarra remite mucho a Nueva Orleans. El riff se siente deudor del swing y el jazz de los años treinta y cuarenta, pero es decisivo el rol de Fogarino para imponer el sello típico de Interpol, esa contundencia y rareza que favorece tanto el desempeño de Banks que, casi entre susurros, nuevamente da un desempeño notable. En “Flight Of Fancy” y “Stay In Touch” vuelven las maneras típicas de Interpol con una dinámica en general más propia de los primeros discos. El cambio está dado naturalmente por la ausencia de las lineas aportadas hasta 2010 por su emblemático bajista, Carlos Dengler. En cierto modo es como que no se concentran en llenar ese espacio a las malas, sino en tocar como siempre pero de tal forma que la dinámica no obligue a utilizar un bajo tan pronunciado. Eso puede explicar en gran medida el por qué de la aceptación de El Pintor hace unos años, pero también es un buen motivo para comprender los motivos detrás de esta producción más despojada de la necesidad de reforzar detalles.

Interpol - MarauderTras un breve instrumental titulado “Interlude 1” con ciertos guiños a la música drone pasamos a “Mountain Child”, que con ese riff galopante de Kessler se constituye en el punto más brillante de Marauder. Incluso el bajo a cargo de Banks sin necesidad de buscar equipararse a las guitarras es acertado. Una linea similar sigue “NYSMAW”, no muy alejada de las canciones más directas del Antics y de las pocas que no se ve seriamente afectada por la producción rudimentaria que se eligió para la ocasión. En “Surveillance” se deja de lado la adrenalina en las guitarras un poco para bajar revoluciones, siendo ahora la batería de Fogarino quien asume la responsabilidad de llenar espacios. No es exactamente atmosférica, pero transmite una densidad que se sale del promedio en Marauder.

Pasamos a “Number 10” que tras un intro bellísimo de Kessler cede a la adrenalina sin reparos. Lo hace sin embargo con cierta delicadeza, con cierto cuidado en la melodía que le da esa sensación casi mítica que tienen las grandes canciones. Es una elección en cierto modo extraña para un sencillo, pero tomando en cuenta esa atención al detalle aplicado a un enfoque más “artesanal” por así llamarlo tiene algo de sentido esa apuesta de los neoyorkinos. En “Party’s Over” la batería de Sam juega un poco más con la dinámica de la pista y eso también permite a Paul hacer lo propio con la voz en las estrofas. Otra incursion drone en “Interlude 2” abre paso a la ultima pista, “It Probably Matters”, con una soltura inusual de todos los involucrados en la ejecución que deja con la boca abierta. Realmente es una pieza curiosa en un repertorio generalmente dominado por distintas formas de entender lo denso, misterioso y en cierto modo lo oscuro del sonido. Esta transmite pura jovialidad, luz, y aunque puede contener algo de opresión enmascarada en las guitarras, Banks consigue que eso se vea notablemente reducido. De algún modo se sitúa en ese punto donde la new wave de Blondie o Talking Heads se cruza con el estilo que mostraba Franz Ferdinand en sus inicios.

A diferencia de lo que ocurría con El Pintor, Marauder funciona más como un todo que como una suma de individualidades. La cosa es que omitiendo excepciones como los sencillos o “Mountain Child”, cuesta destacar canciones individualmente. No obstante es justo decir que tampoco llega a ser una situación que haga cansina la escucha. El trío fue prudente y no extendió las canciones más de la cuenta.

Marauder los confirma como la banda más perdurable y en mejor condición a la fecha de las que salieron a principios de los 2000. Mientras el resto lanza discos de calidad media, lanza canciones sueltas, da directamente pasos en falso o se separa, los neoyorkinos siguen ahí, dando de lo suyo y de la mejor manera. El directo puede hacerle algo más de justicia a varias canciones que no necesariamente se aprecian al máximo en su resultado final de estudio, pero en lineas generales es un LP que cumple su cometido: mostrar a Interpol al desnudo.

Mi recomendada es “Surveillance”. La forma en que Kessler consigue ese cierre tan inquietante con la guitarra, capaz de distorsionar las percepciones, revela que es uno de los exponentes más subestimados en las seis cuerdas de su generación.

Aquí va “Number 10”

Calificación: 4/5

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