Atrato, navegando entre el rock y el caribefunk

La primera vez que hablé con el bajista Javier Velásquez sobre este proyecto fue el año pasado en el programa de radio que tenía en Libertadores, siendo una de las últimas entrevistas que hice en La Musique. Me contaba que, como concepto, Atrato se concibió junto con Federico Tisnés en la batería tomando como punto de referencia los distintos puntos que atravesaba el río que da nombre a la banda. Cada lanzamiento podía ser un punto geográfico o un pueblo por el que pasaba ese río. Esas palabras ponen a volar mucho la imaginación, porque bien podríamos comenzar esta historia diciendo que Atrato nace en el Macizo de Ismael Ayende y Teatro Unión. La exploración de estilos folclóricos del primero, la contundencia instrumental del segundo, y ese tono ligeramente atmosférico de ambos son puestos en común en un formato de power dúo que al menos en este primer tramo navega entre dos orillas: la contundencia del rock tipo Royal Blood (con sus trazos “indie para estadio”) y la ritmología caribeña que se ha explotado en múltiples direcciones durante los últimos 30 años en Colombia.

Aunque incorporar esa cadencia en una canción de rock en el marco colombiano no es una innovación en lo absoluto (para no ir tan lejos, Sicotrópico lanzó “Enamorao” hace casi diez años y no ha pasado mucho tiempo desde “La Palmera Voladora” de Milmarías) tiene mucho sentido ese toque pachanguero que imprimen con su EP Alto Concordia. Ciertamente se siente como una consecuencia lógica del sonido que desarrolló Ismael Ayende. “Préndela”, el primer sencillo, no se siente lejos del estilo de Abelardo Carbonó, y no sería ni tan mala idea el featuring del caso. Perfectamente su añadido de guitarra redondearía una composición tremenda.

“Perdida” es la más agresiva de Alto Concordia y en el resultado final no le hace demasiada justicia a lo que son como banda, pero tampoco desentona. “Matecaña” y “Dos” van prácticamente sin pausas entre ellas y son en líneas generales un híbrido entre cumbia y bambuco bastante ácidos. Particularmente en la segunda se pone de manifiesto el entendimiento impecable entre Javier y Federico que más allá de la experiencia adquirida está demostrando que puede marcar un capítulo muy especial en el desarrollo de la música colombiana durante la próxima década. “Aguirre” no se aleja mucho de lo mostrado anteriormente, pero esa agresividad adicional de la voz de Javier en el coro puede dejar pistas sobre el siguiente paso de la banda.

En Alto Concordia ha nacido algo muy especial. No es una ruptura de esquemas claramente, pero al menos por lo mostrado hasta ahora si es la continuación de un proceso que lleva bastante tiempo ya en la música colombiana. Que decidan continuar en esa dirección o pasar a otra cosa en lo sucesivo dependerá de ellos, pero por lo que son ahora mismo, son uno de los debuts más electrizantes de los últimos años en el panorama nacional.

Aquí va “Aguirre”.

Calificación: 4/5

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