Reseña: Electric Mistakes – Vicente

No siempre pasa, pero en ocasiones los discos (y muy particularmente los de rock) capturan de algún modo el mejor y el peor de los momentos. Tal vez sea por lo orgánico y visceral que ha sido siempre esa música es algo muy común, aun cuando no es algo que pase exclusivamente con el rock, pero esa clase de álbumes suelen destacar. Muy probablemente tiene mucho que ver ese vicio mediático de romantizar los tormentos personales y profesionales al plasmarlos en una manifestación cultural de ese calibre siendo que hablamos de un estilo musical donde tristemente se vale más muerto que vivo. Tengo varias reseñas de discos por el estilo en el tintero, lo que puede indicar que no han sido años sencillos estos, pero en fin…

El punto es que el segundo largo de Electric Mistakes cumple a cabalidad con esa característica. Refleja un momento del dúo que se expandió para sus shows en vivo donde pasaron momentos felices como poder abrir el show de El Mató A Un Policía Motorizado hace un tiempo, pero también situaciones emocionalmente duras que incluyeron perder amigos (incluido el canino que da nombre al disco y aparece en la portada). Eso tuve la oportunidad de saberlo por boca de los mismos Juan y Laura en una entrevista con motivo del lanzamiento de “John” (a dúo con Camilo Maldonado de Árbol De Ojos), y en la cual pude escuchar en exclusiva “Intoxicado”. Fue una charla muy reveladora, particularmente porque mientras se iba desarrollando cada vez me convencía más de lo distinto que sería este nuevo material con respecto a Chavela.

Mientras en ese debut destacaba el garage rock con trazos de folclor que se reflejaban con más frecuencia en la letra, en Vicente es como si de algún modo nos viéramos todos obligados a tomarlos más en serio. No es que antes no se pudiera, pero el salto creativo es tan notable que exige un grado de compromiso mayor con su música. Nos encontramos aquí ante una especie de diario donde el dolor, la tristeza y la depresión luchan constantemente contra la necesidad de superarlo, mientras se transita el camino hacia la adultez de la manera más fregada posible: viendo como mueren nuestros seres queridos.

La influencia de El Mató es evidente (particularmente el de La Síntesis O’Konor), pero también la de grupos con arraigo lo-fi que evidencian una marcada ambición de lograr algo bien grabado como Car Seat Headrest, Parquet Courts o los Pixies de Doolittle. La ejecución de guitarras aunque no sacrifica el garage por completo es más fría, a veces limitándose a mantener el pulso, cosa que compensan añadiendo más arreglos a los temas (fundamental la batería en ese sentido) y que a la larga explican el por qué del formato expandido para sus conciertos. La duración de las canciones también cambia, pues mientras en Chavela los temas rondaban los tres minutos, en Vicente en promedio duran 4 minutos y hay un tema que supera los cinco minutos: “Feral”, que incluye la colaboración de Soy Emilia.

Las canciones tituladas con nombres (“Tom”, “John”, “Elliot”, “Dolores”) le dan un nombre propio a esa desolación de perder a un ser cercano. No son especialmente confesionales, lo que permite identificarse con ellas y de paso permiten una ejecución más desenfadada como la mostrada en el debut. En cambio otras como “Intoxicado”, “Los Puñales” o “Yo” reflejan las consecuencias de esa desolación o los pensamientos que pueden llegar a inspirar. Sin embargo hay alusiones muy directas a su particular realidad, como es el caso de “7 de Marzo”, ¿la fecha en que Electric Mistakes sirvió de telonero a El Mató A Un Policía Motorizado en el Auditorio Lumiere, siendo así la máxima prueba de “el mejor y el peor de los momentos” con esa ejecución llena de dramatismo y tensión. “La Fé” y “Resucitar” expresan el deseo de seguir adelante, aun con lo difícil que eso puede ser.

Si tuviese que destacar Vicente por algo concreto es por hacer de la introspección una bandera en tiempos donde el rock colombiano está en una fase de identificación con la cotidianidad que lo rodea (prueba de eso los guiños a distintos lugares de Bogotá presentes en la música de AppleTree, Nanook El Ultimo Esquimal y Nicolas y Los Fumadores en tiempos recientes). Captura un momento muy concreto del dúo que tal vez sin buscarlo puede ser también el momento de muchas personas en algún punto de sus vidas. Ese donde el adiós es inevitable, pero también la necesidad de pasar página con la complejidad que eso implica, aderezada por un sonido que unas veces rebosa desencanto, y otras puede ser una terapia de grito primal a lo que marca. Podría parecer una grabación a destiempo si tomamos en cuenta las tendencias actuales, pero más bien parece la clase de placa que espera la persona apropiada en el momento apropiado para ser escuchada. De nuevo, a ese nivel puede llegar el compromiso que exige su escucha y así de encerrado en si mismo llega a ser su contenido.

Mi recomendada es “Los Puñales”. De algún modo es ácida, pero también muy oscura.

Aquí va “Elliot”.

Calificación: 5/5

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