Crónica: Chaos & Carnage Tour 2019

Desde hace varios días y aun intentando asimilar el gran espectáculo que presencié el (desde ya inolvidable) miércoles 15 de mayo de 2019, me venía rondando la idea de escribir una especie de reseña como las que acostumbro a redactar sobre los eventos a los que asisto y considero lo suficientemente relevantes, pero en este caso se “desbordó” un poco debido a todo lo que ocurrió y todo lo que valía la pena detallar en torno al ​Chaos & Carnage Tour​,​ ​realizado en 24 fechas a lo largo y ancho de Estados Unidos, incluyendo una fecha en Fort Lauderdale, Florida; la cual tuve el privilegio de poder asistir.

Desde el principio el Chaos & Carnage Tour presentó un line-up de ensueño, algo inusual y variado, pero muy prometedor y devastador encabezado por Whitechapel junto a actos consolidados en el panorama del metal mundial de la actualidad como Dying Fetus, Revocation y Fallujah, acompañados de bandas emergentes como Spite y Uncured.

Pero además del cartel brutalmente estelar que presentó este tour, desde el “vamos” tenía una expectativa especial en torno a este evento por dos razones: Por un lado, este sería mi primer concierto fuera de mi natal Colombia. Por el otro, sería la primera vez que vería en directo a Whitechapel, banda que he admirado desde mis años en el colegio debido a la fuerza que transmite su música, sus letras impactantes y, sobre todo, por el poder vocal casi inhumano de su vocalista Phil Bozeman. Además de que con su álbum más reciente, The Valley, han logrado sorprenderme tanto desde el ámbito musical como en el personal.

A la hora de la ejecución todas y cada una de las bandas presentes en el cartel estuvieron excelentes, aportando elementos muy variados en cada presentación que las diferenciaba de las otras bandas del cartel y amparadas por el sonido tan devastador con el que contaron. Ambas cosas se sintieron sumamente poderosas y potenciadas por la acústica de Revolution Live, por lejos el venue cerrado con mejor acústica en el que he estado, tanto así que grandes actos como Alter Bridge, Cradle Of Filth, Sum 41 y Machine Head han llegado a presentarse allí.

Uncured, banda de apertura.

El aquelarre dio inicio con Uncured, banda originaria de New Jersey con un sonido orientado hacia el groove metal con tintes de death progresivo. Destacable el gran nivel en la ejecución de sus guitarristas y una puesta en escena bien trabajada. Luego del show pude conversar con ellos, mostrándose como tipos muy sencillos y buena onda. El vocalista al ver la camiseta que llevaba puesta dijo en voz alta y con visible emoción “Fuck yeah! Perpetual Warfare!” (NdE: banda colombiana de thrash metal) y me regaló una púa, algo muy genial que da cuenta de la exposición internacional que se han ido ganando las bandas colombianas a pulso durante los últimos años.

El intervalo de tiempo entre presentaciones fue muy corto, el staff de producción se tomó en serio el trabajo del montaje de cada banda y rara vez pasaban los 10 minutos entre cada presentación, por lo cual no pasó mucho tiempo antes de ver en escena a la siguiente banda: Fallujah. Fue una sólida y hermosa presentación la suya, tocando varios temas de su último álbum y grandes favoritas de su repertorio como “Adrenaline” y “The Void Alone” (Esta última mi favorita), haciendo una perfecta combinación entre melodía y pesadez con pasajes sonoros muy memorables.

Fallujah

Luego de Fallujah seguía una presentación esperada por muchos en el Revolution Live, una banda que viene ganando popularidad muy rápidamente por su alocada y furiosa puesta en escena. Se trata de Spite, banda liderada por el explosivo y energético Darius Tehrani, considerado por muchos (incluyéndome) uno de los mejores vocalistas del deathcore en la actualidad. Había una expectativa inusual en los últimos días alrededor de su presentación, puesto que en una fecha anterior de la gira Darius sufrió una intoxicación y tuvo que ausentarse de un show previo a este, por lo cual la banda optó por tocar instrumentalmente en dicha fecha.

Antes de ingresar al venue tuve la oportunidad de conocer a Darius, y estando al tanto de lo anterior le pregunté sobre su estado de salud, a lo cual me respondió: “Estoy como nuevo, hoy los romperé a todos”. Y vaya que cumplió.

Spite

Con un contundente “SPITE CULT MOTHERFUCKERS!” como primer grito de guerra, Darius rápidamente da inicio a una frenética presentación que abrió de inmediato los primeros mosh-pits de la noche y encendió los ánimos de todos los presentes con una puesta en escena tan poderosa como su registro vocal que raya en lo demencial, alternando entre gritos estridentes y voces guturales profundas y demoledoras que uno no pensaría que provienen de alguien de contextura delgada y personalidad relajada. Es como si fuese poseído cada vez que agarra un micrófono.

Revocation

Después del caos provocado por Spite, era el turno de los grandes de Revocation. Liderados por el virtuoso David Davidson, presentaron un setflist compuesto íntegramente por canciones de su último álbum de 2018, The Outer Ones, un disco que ha logrado recibir una gran acogida por parte del público del metal en general debido al gran despliegue técnico presentado por Davidson y los demás integrantes de la banda tanto en composición como en ejecución, algo que se vio reflejado desde que iniciaron su sólida presentación esa noche con “The Which That Consumes All Things”, canción perteneciente a dicho álbum y sin dejar de lado grandes temas de trabajos anteriores de la banda como “Madness Opus”, mi favorita de todo el set en donde Davidson hizo gala de su gran capacidad como guitarrista presentando devastadores riffs, un bridge pausado con guitarras limpias y finalizando con un monumental solo, demostrando con creces por qué es en la actualidad uno de los guitarristas más destacados en el mundo del metal.

La presentación del cuarteto de Boston fue musicalmente sublime e imponente. Y además de lo musical tuvo un momento muy genial y divertido cuando todos en el lugar le cantamos el “Happy Birthday” a Brett Bamberger, bajista de la banda quien cumplió años esa noche, finalizando con el mismo David Davidson aventándole un pastel de cumpleaños en la cara.

Luego del brillante show de Revocation y mientras el staff de producción ultimaba detalles para la presentación de la siguiente banda, dentro del lugar se podía sentir un ambiente algo inusual (al menos para mí al no estar muy familiarizado con el público estadounidense), dando la impresión de estar en una fiesta con todos los presentes coreando canciones como “Livin’ On A Prayer” de Bon Jovi o incluso “Girls, Girls, Girls” de Mötley Crüe (Incluso yo, que nunca he sido fan de los Crüe).

De hecho una de las grandes incógnitas que tenía antes del evento radicaba en qué tan marcados serían los distintos matices entre el público de un concierto que presentaba un cartel de bandas con sonidos tan variados, dichas diferencias (mayormente estéticas) saltaron de inmediato a la vista. Por un lado se presentaban los metalheads vieja escuela mas “tradicionales” con edades entre los 40-50 años y por otra parte jóvenes fans del deathcore. Y aún con todas las diferencias existentes todos lograron converger perfectamente en un solo fin: Divertirse. Por lo cual fue normal verlos apreciando y disfrutando todas las presentaciones sin etiquetas innecesarias, sin ninguna clase de elitismos y sin importar los distintos rasgos sonoros que presentaba cada banda de la noche. Sólo estaban allí con el fin de disfrutar un gran espectáculo musical.

Pero el ambiente fiestero se vio abruptamente interrumpido cuando sonaron los primeros riffs de “In The Trenches” y Dying Fetus irrumpía en escena.

Hablar de Dying Fetus es hablar de algo que bien podría definir como “devastación técnica”, algo que se sintió desde el momento en que pusieron pie en el escenario, haciendo que estallara el frenesí entre los asistentes hasta tal punto en que empezó (Literalmente) a volar gente y cerveza por todos lados mientras los violentos circle-pits incitados por John Gallagher estaban a toda potencia.

Como el entusiasta de la guitarra que soy desde hace varios años, no encuentro una explicación lógica de cómo carajos John Gallagher ejecutaba esos veloces solos con tapping mientras vocalizaba con profundas voces guturales al ritmo de los demenciales patrones rítmicos establecidos por Trey Williams en la batería y Sean Beasly en el bajo, quienes daban la impresión de que en lugar de un trío eran un ejército desplegando en cada canción y sin descanso alguno un devastador poderío técnico que a ratos rayaba en lo absurdo.

De principio a fin Dying Fetus brindó una cátedra de Death Metal de élite, un show fácilmente comparable a las exhibiciones de técnica y fuerza que solía realizar Bruce Lee, sólo que con instrumentos musicales. Algo imperdible y recomendado para todos aquellos amantes de este subgénero en particular o del buen metal en general; y sobre todo en Colombia ahora que estarán presentes en Rock Al Parque. Es una gran oportunidad de apreciar en directo uno de los mayores actos del género en la actualidad. Mientras los reflectores apuntaban hacia los balcones del venue, se podía apreciar en uno de ellos a integrantes de Spite, Revocation y otras bandas cabeceando y pasándola muy en grande con el devastador show que ofrecían los oriundos de Maryland, ejecutando muchas de sus canciones más emblemáticas y habituales de su repertorio como “From Womb To Waste”, “One Shot, One Kill” y “Subjected To A Beating”.

Todos, excepto uno de ellos que en lugar de disfrutar exaltado al igual que todos los que estaban a su alrededor, optó por sentarse a observar con detenimiento todo lo que sucedía en escena. Al principio no le di mayor importancia, pero al fijarme con detenimiento y notar la camisa roja que vestía aquel “espectador” intuí de inmediato de quién se trataba, lo cual se confirmó totalmente al finalizar la devastadora presentación de Dying Fetus con la canción “Wrong One To Fuck With”, pues al verlo levantarse y retirarse del balcón me dije a mí mismo:

“Es hora”.

Repentinamente las luces se apagaron y tras un breve instrumental, finalmente con “When A Demon Defiles A Witch” salía en escena la banda más esperada de la noche: Whitechapel.

Whitechapel y el espectador de camisa roja.

Sabía que sería devastador, sabía que sería intenso y sabía que sería memorable, pero de ninguna manera pude dimensionar lo inmenso que sería el show de Whitechapel, algo tan poderoso y emotivo como las letras de “When A Demon Defiles A Witch”, primera canción de su más reciente álbum The Valley y la cual no pudo haber sido una canción mas indicada para tocar de entrada, ya que en cierta forma daba una pequeña antesala de todo lo que sería el espectáculo.

Sin pausa alguna continuaron su recorrido por The Valley con la poderosa “Forgiveness Is Weakness” seguida de “Brimstone”, dos de las canciones más viscerales de este magistral álbum en las que Bozeman con sus voces demoníacas y gritos desgarradores irradiaba un poder abrumador amparado por la sólida base instrumental compuesta por las potentes guitarras rítmicas de Alex Wade y Zach Householder, las melodías de la guitarra solista de Ben Savage, el potente bajo de Gabe Crisp y la versátil percusión de Alex Rüdinger, virtuoso baterista conocido por su paso por agrupaciones Conquering Dystopia, Monuments, The Faceless y Revocation quien se unió a Whitechapel como baterista de gira. A pesar de llevar menos de un mes tocando junto a la banda, se acopla perfectamente a las canciones de las distintas épocas de la banda. Incluso en las más rápidas y complejas.

Uno de los puntos más álgidos de la presentación fue cuando interpretaron “Make it Bleed”, que inició con una introducción de piano que dio paso a un breve riff de guitarra y finalmente explotó con Bozeman desatando el caos entre los presentes con un fuerte “Go!!!”, haciendo que se formara una fuerte avalancha seguida de un circle-pit al ritmo de la velocidad de la canción, haciendose tan grande y violento que, solo por muy poco, no hizo que la barra de contención colapsara. Continuaron con la emblemática “I, Dementia”, que de golpe bajó las revoluciones del show pero no la pesadez, con todos los presentes coreando al unísono el coro entre el interminable mosh-pit que en lugar de frenar aumentaba su intensidad, haciendo que cada vez fueran mas aquellos con “Marcas de guerra” manifestadas en forma de moretones e hilos de sangre en sus rostros.

En gran medida el sendero de devastación dejado a lo largo de esta presentación se debe
a la demoledora presencia de Bozeman, quien desde el inicio demostró una intensidad descomunal en cada una de las canciones, animando al público a dar todo de sí cada vez que tenía la oportunidad. Llegó incluso a decir en medio de gritos y rugidos un fuerte “COME ON YOU MOTHERFUCKERS!” que pudo escucharse sin micrófono durante uno de los intervalos instrumentales en uno de los temas. Algo sumamente demencial que hace creer que Phil es más que un frontman: es una fuerza de la naturaleza que no sólo se puede ver y escuchar en directo; sino que también se experimenta.

Tras más de hora y media de brutalidad sonora, llegaba el momento de cerrar el espectáculo con “The Saw Is The Law”, uno de los himnos de Whitechapel que vio los últimos mosh-pits de la noche con una multitud aún enérgica y un Bozeman que cantaba cada verso como si fuera la primera canción del setlist. Y al finalizar el último “You are nothing, we are everything” del breakdown final agradeció con un ligero gesto y se marchó rápidamente en medio de una inmensa ovación de agradecimiento tras un
majestuoso show.

Concluía así el concierto, pero las emociones no.

Al finalizar el show de Whitechapel me acerqué a algunos buenos amigos que hice en la fila previa a ingresar al venue; todos nos saludamos con entusiasmo y apenas tratando de asimilar la dimensión del acto que habíamos presenciado hacía pocos instantes, para
luego proceder a la salida con dos rumbos distintos: ellos a hacer efectivo el meet & greet con Whitechapel luego del show debido a que tenían entradas VIP; yo, con rumbo algo incierto.

Dos días antes del concierto pude conversar con un amigo argentino que asistió a una fecha del tour en Atlanta, Georgia; me aconsejó esperar pacientemente al terminar el show afuera del venue debido a que muchos de los músicos presentes suelen merodear en la salida o bares aledaños, lo cual permitía la posibilidad de poder conversar con ellos. Lo cual en efecto hice sin saber si se presentaría dicha oportunidad.

Pero al final tuvo razón.

Tras unos minutos de espera el primero en aparecer fue Alex Rüdinger, baterista de
Whitechapel quien nos saludó a quienes estábamos en la esquina del lugar del evento y
luego empezaron a salir los amigos que se encontraban en el meet & greet; uno de ellos al saber lo mucho que esperaba este concierto y ver que no pude acompañarlos a conocer a la banda me obsequió uno de los ítems que consiguió de la banda antes de despedirse. Al ver que era su carné VIP le agradecí con entusiasmo, pero cuando volteé a ver detalladamente y vi que tenía las firmas de los 6 integrantes de Whitechapel me pareció lo más genial del mundo, sin saber que venía algo más momentos luego de eso.

Momentos después del venue empezaron a salir Alex Wade, Gabe Crisp, Zach Householder y Ben Savage; toda la sección de cuerdas de Whitechapel a quienes alcancé a saludar y agradecer por tan genial show, incluso logrando una foto con Wade y Savage mientras iban luego a un lugar en una calle cercana.

Luego, cuando caí en cuenta de que debía madrugar a trabajar al día siguiente me disponía a llamar a un Uber para así irme a casa e intentar dormir algo, pero justo antes de eso se me ocurrió mirar al frente y venía acercándose nada más y nada menos que el mismísimo Phil Bozeman. Desde el momento en que lo saludé estaba algo en shock, no sólo debido a que estaba frente a uno de mis mayores ídolos en el mundo de la música cuya obra e historia de vida ha logrado impactarme desde hace varios años, sino también por su sencillez, su humildad y personalidad sumamente tímida e introvertida, lo cual era un contraste enorme con el ser todo-poderoso de voz demoníaca que se veía gigante encima del escenario, incluso junto a colosos como Gabe Crisp y Zach Householder (teníamos la misma estatura). Todo eso dio cierta sensación de que antes de ser uno de los frontman más poderosos e impontentes de la actualidad, es también uno de nosotros.

Justo antes de despedirme de él le agradecí por el espectáculo que brindó y le conté que venía a ver el show de esa noche desde Colombia como cuenta pendiente del concierto de ellos al que no pude asistir en su visita al país en 2011, a lo que él me respondió: “Thank you bro, I love your country, I’m looking forward to come back and play there
anytime soon.”

Tras eso y para cerrar con broche de oro un gran día, pude también conversar con el gran David Davidson de Revocation, otro brillante músico que también dio un gran espectáculo y a quien tampoco tuve la oportunidad de poder ver actuar en mi país natal. Al hacérselo saber de eso me dijo: “You’re fucking crazy down there in Colombia, i love that”, minutos antes de irme finalmente a casa.

Todo lo vivido antes, durante y después de este gran evento fue una especie de “Tormenta perfecta”, en la cual soberbias presentaciones, grandes experiencias e incluso la buena suerte coincidieron para hacer que el Chaos & Carnage Tour sea una de las mejores acontecimientos musicales que haya presenciado en la vida.

Y si tomamos en cuenta las palabras de Phil, no sería la única o última vez que ocurra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s