Reseña: Mueran Humanos – Hospital Lullabies

Mi gran deuda con esta década que termina sin duda es que no pude darle a la música latinoamericana toda la atención que merecía. Hice intentos firmes y sinceros para revertir la tendencia, pero en líneas generales fue en vano. El hecho de no ser un ente tan centralizado y focalizado como el mercado anglo me complicaba siempre las cosas, y al no ser yo la persona centralizada y focalizada que creía ser, básicamente naufragué ante esa inmensidad algo desorganizada pero todavía inspiradora de la música latinoamericana.

Me he preocupado, eso sí, por darle valor a quien debe tenerlo más allá de lo geográfico. Y ciertamente Mueran Humanos han logrado despertarme un poco de ese letargo sin hacer tantas reseñas como quisiera con Hospital Lullabies, por mucho su trabajo más focalizado hasta la fecha que se ve reforzado por un largometraje dirigido por Carmen Burguess, la mitad del proyecto junto con Tomas Nochteff y del cual surgen los videos para todas y cada una de las canciones del disco. Ni siquiera la culpa que siente quien escribe estas líneas por no darles mayor seguimiento en el pasado puede superar ese hecho.

Porque lo cierto es que el dúo argentino (concebido y radicado en Berlín, Alemania) no es que sea una sorpresa en el panorama del indie latino, precisamente. Primero, llevan en el negocio más de una década. Segundo, constituyen un engranaje entre lo que a estas alturas ya es una maquinaria notable en el post-punk con inclinaciones hacia el darkwave y el industrial a nivel regional, derivando así en una actitud marginada del negocio regular de la música. Tercero, tocan por regularidad en Latinoamerica a pesar de estar radicados en Alemania, incluyendo dos pasos por Colombia en 2013 y 2017.

Hubo algo que me dejó tocado en “Vestido”, la primera pista. Esa progresión casi imperceptible a una euforia tribal se sintió tan natural, tan perfecta, que pude verme bailando como desquiciado a ese ritmo tan sublime en muchos lugares a la vez tan sólo en la primera escucha. En un edificio pequeño y sudoroso a mitad de la noche, en un festival al aire libre, en mi cuarto, en mi trabajo, en la nada misma… nunca antes me hice una película en la cabeza tan vívida como esa.

De ahí en adelante puede decirse que uno se siente ya predispuesto a lo que sea que busquen hacer. El synthpop industrial de “Los Problemas del Futuro”, esos ruidos de “Alien” que evocan en la mente espirales que se pierden en el espacio-tiempo, la preciosa melodía coronada por la voz de la chica en “Detrás De Una Flor”, la psicodelia invertida y pervertida de “Guardián de Piedra”, el monólogo de “Cuando Una Persona Común Se Eleva” dominado por sintetizadores inquietantes, y ese remate regodeándose en la banalidad suburbana en “La Gente Gris”. Todo tiene sentido porque “Vestido” hizo su trabajo desde el vamos.

Líricamente no hay tanta cosa en plan “poeta maldito” como cabe esperar en un estilo tradicionalmente tan tétrico. Ni siquiera creo que “melancólico” o “nihilista” sean descripciones tan certeras. Se siente la necesidad de expresar la búsqueda de un lugar mejor, una lucha por escapar de un mundo tan carente de empatía. Aunque no busca por ello ser optimista, resulta inevitable que la oscuridad sobrevuele el disco. Después de todo, el escape que plantean las letras de Hospital Lullabies es uno de un lugar terrible. No se narra el hecho de haber escapado, sino el intento de escapar en si.

Una frase en particular “Los problemas del futuro ya los tuve ayer” da para un debate largo y parejo. Podemos hablar del futurismo como inspiración de buena parte de lo que puso en circulación el post-punk durante los ochenta, de cómo el discurso lírico no ha podido cambiar porque a la larga el mundo se ha negado rotundamente al progreso, de cómo la muerte, la paranoia, y el miedo siguen dominando como en los tiempos de la Guerra Fría, de la retromanía… en defintiva, hace rato no se usaban tan bien menos de 140 caracteres en algo.

Con Hospital Lullabies el dúo expande su sonido hasta abarcar distintos matices. En unos la melodía es más importante, en otros el ritmo es demoledor, y en varios más la textura se roba el protagonismo. Algo similar pasa con las letras, que oscilan entre lo poético y lo prosaico. A la fecha es indudablemente su trabajo más completo y el que muestra con mayor claridad toda esa experiencia acumulada.

Mi recomendada es “Behind A Flower”. Para una banda acostumbrada a mostrarse más dura e implacable, le sienta bastante bien tener ese contrapunto melódico.

Aquí va “Guardián De Piedra”.

Calificación: 4.5/5

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